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CONFERENCIA AFGANISTÁN. UN DESAFÍO PARA EL EJÉRCITO DE TIERRA

El Presidente de la Cámara de Comercio abrió el acto

El pasado 27 de noviembre de 2019 asistimos, en la capital aragonesa, a una magnífica conferencia,  titulada AFGANISTÁN. UN DESAFÍO PARA EL EJÉRCITO DE TIERRA.
Fue organizada por la Delegación de Defensa en Aragón, y contó con la colaboración de la Fundación Basilio Paraíso & Cámara Zaragoza, y de la Brigada Aragón I.
Tuvo lugar a las 18.30 horas en el Salón de Actos de la Cámara de Comercio, siendo impartida por el General de Brigada del Ejército de Tierra, Javier Mur Lalaguna, Jefe de la Brigada Aragón I.
Previamente tuvimos oportunidad de visitar, en la misma planta, la exposición fotográfica itinerante, Misión Afganistán, una muestra compuesta por 30 imágenes tomadas por fotógrafos profesionales, que hace visible la labor del Ejército español en misión de paz en Afganistán, y que llega a Zaragoza con motivo del 30 Aniversario de las misiones del Ejército español en el exterior. Tanto la exposición fotográfica, como la conferencia sobre Malí, impartida el pasado día 13, por el Teniente Coronel Francisco José Lugo, junto con la conferencia que nos disponíamos a escuchar, forman parte del ciclo Misiones de Paz organizado por Cámara Zaragoza con el objetivo de acercarnos la dura realidad del día a día de los soldados españoles, de misión en el exterior, y de los países en los que despliegan, que a menudo arrastran conflictos armados.

Acompañaron al ponente, en la mesa presidencial, el presidente de la Fundación Basilio Paraíso, de la Cámara de Comercio de Zaragoza, Manuel Teruel Izquierdo, y el Delegado de Defensa en Aragón, Coronel Conrado José Cebollero Martínez.
Entre los numerosos invitados pudo verse al jefe de Movilidad Aérea del Mando Aéreo de Combate, al Comandante Militar de Zaragoza y Teruel y Director de la Academia General Militar, y al Jefe Superior de Policía en Aragón, así como al Presidente de CEPYME Aragón. Los Reales Tercios de España, estuvieron representados por Manuel Grao Rivas, Jefe de RR.PP. e Institucionales del Tercio Norte-Delegación Aragón.
Se inició el acto con la intervención del Presidente de la Cámara de Comercio, quien dijo entre otras cosas lo siguiente: Como ustedes saben la Cámara de Comercio, la Feria, tiene una estrecha relación con nuestro Ejército, con nuestros militares. Nos sentimos muy orgullosos y muy agradecidos de que todos los “Pilares” el Pabellón Central se vista de color verde y se vea a los niños disfrutar viendo las misiones, lo cual es una gran satisfacción porque, desgraciadamente, en algunas zonas y en algunos ambientes la forma de pensar es difícilmente comprensible.

Desde el Ministerio de Defensa y la Cámara de Comercio hemos organizado un ciclo denominado Misiones de Paz, que muestra la gran labor de nuestro Ejército.

Y también de ejércitos de otros países, de forma coordinada, que están haciendo en zonas donde, si no fuera por ellos, la barbarie y el salvajismo harían auténticos estragos.

Presidente de Cámara de Comercio

Dio paso Manuel Teruel Izquierdo al Coronel Conrado José Cebollero Martínez, para que hiciera la presentación del ponente, pero no sin antes apostillar lo siguiente: Quiero poner de relieve que son 17000 las personas, militares, que han estado en Afganistán. Estamos hablando de algo que ha costado un esfuerzo importante, en términos económicos, pero también en pérdida de vidas pues son más de 100 personas las que no volvieron vivas de allí.

Delegado de Defensa en Aragón

Intervino a continuación el Delegado de Defensa en Aragón y he aquí un resumen de su intervención: Es un placer presentar hoy aquí a nuestro ponente, el General Javier Mur Lalaguna, aragonés de pró, que ha prestado más de 35 años de servicio en las Fuerzas Armadas, especialmente en las Unidades de Montaña y en el Estado Mayor, destinado en las provincias de Navarra, Huesca y también de Gerona gran parte de su carrera militar. Cursos militares y civiles y condecoraciones, no hay más que ver su guerrera para observar que son notables e interesantes, y en relación al tema que nos ocupa hoy, su experiencia internacional en misiones, que son cuatro, dos de ellas en Afganistán, en diferentes épocas y momentos, le dotan de una perspectiva muy importante para explicar el conflicto. La primera de ellas como jefe de Plana Mayor en el Equipo de Reconstrucción Provincial, y la siguiente como Segundo Jefe de un equipo de entrenamiento al ejército afgano. Nuestro General Jefe de la Brigada Aragón I es uno de los militares más cualificados para hablar de la misión en Afganistán y va a ser un placer escucharle.
Tomó la palabra el General Mur Lalaguna y, después de un primer capítulo de agradecimientos, pasó a decir lo siguiente: Creo que el trabajo del Ejército de Tierra sigue siendo un gran desconocido.
En 2019 hemos cumplido 30 años desde nuestra primera misión en el exterior y creo que es necesario reivindicar de nuevo la contribución de las Fuerzas Armadas a la paz y a la seguridad en el mundo entero. En la actualidad, hoy, nuestras Fuerzas Armadas están presentes en 16 operaciones activas, en 12 países diferentes y, sin embargo, el esfuerzo que realizamos los hombres y mujeres de las FAS sigue siendo, relativamente, poco conocido. La opinión pública nos presta poca atención, muchas veces atenta en un exceso de localismo a nuestros problemas domésticos, cuando existen retos y desafíos a la seguridad muy importantes en un mundo globalizado.
Señaló también ser cierto que las FAS son, desde hace muchos años, una de las instituciones que tiene mayor aprecio y reconocimiento público. Citó un informe del ahora denostado CIS, de 2016, sobre las Fuerzas Armadas y Sociedad, en el cual un 62% tenía una visión buena y muy buena de las FAS, y cuando se les preguntaba sobre la necesidad de la existencia de los ejércitos frente a la inseguridad y en apoyo a catástrofes, un 80% lo consideraba necesario. Pero sin embargo, cuando se les pregunta a los españoles sobre la necesidad de incrementar el gasto en Defensa, tan solo un 13% lo considera necesario, y esto cuando España es el penúltimo país de la Alianza en los gastos que, en relación con el PIB, dedica a Defensa. Solo tenemos por detrás a Luxemburgo.

No hay que hablar de gasto en Defensa, sino de inversión en Seguridad.

La finalidad de la conferencia era la de conocer la participación del Ejército de Tierra, fundamentalmente en la misión española en Afganistán, que dio comienzo en enero de 2002 y que, después de 17 años, se mantiene activa con un reducido contingente de militares españoles en Kabul.

Resaltó que el despliegue de nuestras unidades en Afganistán, un país aislado a más de 6000 kilómetros de nuestra Patria, ha sido el espaldarazo definitivo a la profesionalización y a la modernización de las FAS. A su juicio, Afganistán es, sin duda, la operación que más ha influido en los militares españoles de las últimas décadas.

General de Brigada Mur Lalaguna

Estimó necesario abordar primero los antecedentes de la operación, las razones por las cuales España se decide a intervenir en un escenario muy lejano y donde no existen, aparentemente, intereses nacionales que tuvieran que ser defendidos. En segundo lugar haría una somera presentación de Afganistán, un país sacudido por 40 años ininterrumpidos de conflicto. En tercer lugar señalaría brevemente cómo ésta misión fue evolucionando a lo largo de los años para adaptarse a las necesidades surgidas sobre el terreno, y a una amenaza creciente.

Una operación que transitó al inicio desde el apoyo a la reconstrucción para finalizar con una clara lucha contra la insurgencia, y que a los militares les proporcionó muchas y valiosas lecciones aprendidas en el terreno afgano. Y finalmente haría un balance sobre lo que ha supuesto la intervención de la comunidad internacional tras 17 años de presencia ininterrumpida en Afganistán.
Vayamos pues a los antecedentes. Afganistán había estado durante mucho tiempo presente en los cotilleos, en los noticiarios, y en los medios de comunicación social, durante la década de la guerra entre Afganistán, entre las milicias muyaidines contra el poder soviético, de 1979 a 1989. Con la retirada de las fuerzas del Kremlin, Afganistán desapareció de las principales cabeceras de noticias.

Atentado en Nueva York contra las torres gemelas

Volvería a ser protagonista en el 2001. Como todos ustedes conocen, el 11 de septiembre de 2001, fueron secuestrados varios aviones de la aerolínea Américan Airlines, que se estrellaron contra las torres gemelas en Nueva York y contra el pentágono en Washington. Estados Unidos, la mayor potencia del mundo, se veía así doblemente atacada en el corazón del imperio económico y militar.

Pronto se sabría que detrás de esta ola de atentados estaba uno de los terroristas más buscados del mundo, Osama bin Laden, y que el régimen talibán, el Mulá Omar, había estado dando protección y cobijo a la red terrorista Al Qaeda, y que desoía cualquier petición de extradición. El Presidente George Bush supo apaciguar los deseos de una venganza y una represalia inmediata y visceral, que le pedía la opinión pública norteamericana.

Y supo aglutinar un indiscutible apoyo diplomático internacional. Se invocó, por primera vez en la historia, el artículo 5 del Tratado de Washington, el tratado fundacional de la Organización Territorial del Atlántico Norte, según el cual un ataque contra uno de los aliados debe considerarse como un ataque contra la totalidad de la Alianza, de manera que el Gobierno Norteamericano se aseguraba el apoyo firme de todos sus aliados, y entre ellos el Gobierno Español del Presidente Aznar. Estados Unidos contaba con todos los aliados para lanzar la operación Enduring Freedom, o Libertad Duradera. El 7 de octubre se produjeron los primeros bombardeos norteamericanos y británicos en el país asiático, y cinco semanas después los combatientes de la Alianza del Norte, una amalgama de grupos muyaidines opuestos al régimen talibán, entraban en Kabul provocando la huida de los talibanes hacia las montañas. En esta operación la participación española fue muy limitada: un hospital de campaña en el aeropuerto de Kabul, varios aviones de transporte y helicópteros, así como varios buques y aviones de patrulla marítima en el Océano Índico, además del apoyo indirecto que prestaron las Bases de Morón y Rota al despliegue norteamericano.

Acuerdos de Bonn

Casi al mismo tiempo que se producía la caída del régimen del Mulá Omar, las Naciones Unidas hicieron un llamamiento a la comunidad internacional a través de la Resolución 1678 para prestar asistencia urgente a la población afgana. Esta resolución condenaba al régimen talibán por haber permitido que Afganistán fuera utilizada como base de la red terrorista Al Qaeda, para la exportación del terrorismo de otros grupos, e instaba a los países miembros a prestar apoyo a una
nueva administración afgana proporcionando asistencia humanitaria urgente y ayuda para la reconstrucción y rehabilitación social del país.

La nueva administración interina se plasmó poco después en los acuerdos de Bonn, de 22 de abril de 2001, donde se constituyó esta autoridad interina bajo la presidencia del líder pastún Hamid Karzai, y así estaban puestos ya los cimientos para una nueva etapa en el país asiático.

Gobierno postalibán

Antes de continuar, el General Lalaguna quiso subrayar dos aspectos. El primero es que España respondió en esta ocasión como un aliado y socio fiable dentro de la Alianza. Las Fuerzas Armadas aspiran a que la Política de Exterior y de Defensa sea una Política de Estado, y que nos mostremos como socios comprometidos. Esto requiere la presencia en escenarios que, sin afectar de manera directa a nuestros intereses nacionales, nos proporciona seguridad de un modo directo. El segundo aspecto que quiso resaltar, porque ha sido muchas veces objeto de controversia, es la legitimidad de la intervención española. Al amparo de la Resolución 1386 de Naciones Unidas, destinada a apoyar a la administración interina de transición en Afganistán, el Gobierno Español requirió la preceptiva autorización del Congreso de los Diputados, para desplazar las tropas en el exterior, y el Gobierno del Presidente Aznar, el 27 de diciembre de 2001, acordó la participación de las fuerzas españolas, que desplegaron en Kabul a partir de enero de 2002.

Pasemos ahora al escenario. En 2001, a la caída del régimen talibán, Afganistán ocupaba el puesto 174 en el índice de desarrollo humano, de un total de 178 países.

Tres son las causas que han intervenido en el desarrollo económico y social de Afganistán.

En primer lugar la aspereza de su marco físico, su orografía; en segundo lugar el aspecto humano, pues se trata de una sociedad tribal donde los códigos de comportamiento, tan diferentes de los nuestros, han lastrado el progreso social pese a los intentos de modernización, principalmente durante la época soviética; y en tercer lugar la crónica inestabilidad política y el estado permanente de conflicto armado en el que vive el país.

Veamos pues, en primer lugar, el escenario físico. Afganistán es un país que constituye lo que en geopolítica se denomina un estado colchón, un estado que separa dos zonas de influencia entre dos grandes potencias, en este caso la rusa, al norte, y la británica al sur. Tras las dos guerras anglo- afganas de finales del siglo XIX, Afganistán se constituyó en un protectorado británico que sirvió para limitar el área de expansión rusa hacia el sur, hacia los dominios de la India. La delimitación propiamente dicha de Afganistán y su vecino del sur, Pakistán, continúa siendo objeto de controversia. La dificultad de asegurar la estabilidad en esta frontera radica en que la población a ambos lados de la frontera es, mayoritariamente, pastún. Se trata por tanto de una separación arbitraria de una sola comunidad. Podemos afirmar que no todos los pastunes son talibanes pero sí todos los talibanes son pastunes. A esta comprometida situación geopolítica se le suma una complicada geografía. El país está dominado por las estribaciones de la cordillera del Safíd y las montañas del Indu kush, que se extienden por el centro y sur del país, con una altitud media de 2000 metros. Las comunicaciones son extraordinariamente difíciles, con escasos y tortuosos pasos y puertos de montaña que hacen enormemente difícil las relaciones comerciales y el tránsito de personas y mercancías, lo cual dificulta el desarrollo económico de un país que tampoco alberga grandes recursos o materias primas. Igualmente la configuración montañosa y la situación influyen en las condiciones
climáticas. La proximidad del golfo de Arabia hacía que en la zona de responsabilidad española las temperaturas podían oscilar de más de 45 grados en verano, a 15 grados bajo cero en invierno.

España socio fiable

El segundo aspecto que hay que reseñar es el aspecto humano. La etnia mayoritaria, un 40% son pastunes, divididos entre Pakistán y Afganistán. Es la etnia que ha ejercido el poder político y militar desde el siglo XVIII. Los pastunes son un pueblo con una fuerte y compleja estructura tribal, agrupados en clanes y familias de creencias mayoritariamente sunitas y con unas notables aptitudes militares. Son, en definitiva, los pastunes un pueblo guerrero.

Es importante, para entender al pastún, conocer el código moral propio por el que se rigen sus relaciones sociales, el denominado código Pasthunwali. Un conjunto de reglas, normas y preceptos muy arraigado en la sociedad rural y que, incluso a veces, sustituye a la ley islámica o sharia.

Básicamente todo pastún debe obedecer a tres principios morales. La necesidad de defender la honradez del grupo o de los parientes, que es el valor principal que rige todas las relaciones sociales. Aquí adquiere un verdadero valor la defensa de la honra femenina, de manera que proteger la virtud de las mujeres es un deber de todo pastún. El segundo precepto moral es el de la venganza. Cuando un miembro de la familia o clan ha sido ultrajado se requiere la reparación por parte del malhechor y de su familia con la finalidad de restaurar la armonía social en el grupo. Y el tercer principio fundamental es la hospitalidad y el asilo, de tal manera que el rechazo a una invitación o a una muestra de hospitalidad podía ser interpretado como una ofensa.

Junto a la etnia pastún, dominante en la mayor parte del territorio, conviven los Tayicos, segundo grupo en importancia; los Uzbekos, pueblo que viene del Asia Central, y los Hazaras, un pueblo nómada y ganadero que habita en las montañas del Indu Kush, en el centro del país, que es el más desfavorecido y, al contrario que los demás grupos, es de creencia chiita. No es por tanto de extrañar la complejidad para cohesionar una sociedad tan distinta, abigarradamente masculina, con un país subordinado de la mujer afgana.

Una sociedad tribal con una enorme diversidad de etnias y clanes donde la configuración del territorio contribuye a la separación y al cantonalismo, lo que dificulta el grado de identificación de los afganos como miembros de una comunidad.

El tercer aspecto mencionado como condicionante para el desarrollo es la violencia crónica que ha golpeado el país. Afganistán accedió a la independencia de la Corona Británica en 1919 con la creación, primero, de un emirato al que sucedió el reino de Afganistán, con tres monarcas: Amanulá, Mohammad Nadir Shah, y Mohamed Zahir Shah, hasta el derrocamiento de éste último con un golpe de estado, incruento, que instauró la república en Afganistán.

Honradez, venganza, hospitalidad

En 1978 se produjo el golpe de estado prosoviético y desde entonces han sucedido 40 años de enfrentamientos armados. Primero la larga década de guerra, de lucha contra los soviéticos, después la guerra civil entre facciones afganas, luego la conquista y dominio talibán de Kabul y posterior derrocamiento, y finalmente desde 2002, la larga campaña insurgente a la que en los últimos años se ha añadido la ingerencia del estado islámico en el país.
España iba en consecuencia a desplegar sus tropas en 2002 en un país lejano. El sostenimiento de las operaciones y el apoyo logístico iba a suponer un extraordinario esfuerzo, donde no existía una estructura de gobierno sino jefes tribales y señores de la guerra. Donde no había fuerzas de seguridad sino milicias, y donde los talibanes que habían sido expulsados de Kabul mantenían una importante presencia e influencia en todo el país, fundamentalmente en el sur.
Deseó el General Lalaguna que esta conferencia sirviera para poner de relieve la primera lección que aprendieron los militares, lo que en el término anglosajón se define como Cultural Awareness, que podría traducirse como conciencia o sensibilización cultural, que implicaba el entendimiento y conocimiento de los valores, creencias y percepciones del pueblo afgano. “Conocer cómo piensan, creen y ven la realidad del mundo los afganos era esencial si queríamos tener una garantía de éxito. En una expresión afortunada de un general norteamericano, teníamos que ganarnos los corazones y las mentes de los afganos”.

Pasemos ahora a describir nuestra participación, dividida en cuatro fases. El período inicial en Kabul, que se solapó con la Operación Endurance Freemon, de 2002 a 2005; la expansión de la misión a todo el territorio afgano, correspondiendo a España las provincias de Herat y Badghis, al oeste del país; la creación de los Batallones de Maniobra, en 2008, para dar respuesta a la creciente fortaleza de los insurgentes talibanes y el posterior repliegue a la provincia de Badghis,a finales de 2013; y luego el final de la misión ISAF en 2015 y la contribución a través de la nueva misión de retirada, Apoyo Decidido, que es la misión que perdura hasta estos días.

La denominación de la misión autorizada por Naciones Unidas, en diciembre de 2001, es muy clarificadora. España se incorporaba a la Fuerza Internacional de Asistencia y de Seguridad, en su acrónimo inglés ISAF. Algo ennoblecedor resulta el nombre, la denominación, del Plan de Operaciones emitido por el Mando de Operaciones Español, conocido como Operación Reconstrucción de Afganistán.

Esta misión, auspiciada por Naciones Unidas y liderada desde 2003 por la OTAN, en la que han participado más de 44 países, responde pues a este noble objetivo.

Por un lado asistir al Gobierno afgano en el establecimiento y mantenimiento de un Estado seguro, asegurar la extensión de su influencia y autoridad del gobierno a todo el país.

Y contribuir a la creación de las Fuerzas Armadas y de Seguridad para que sean capaces de actuar autónomamente. En segundo lugar, facilitar la reconstrucción en todo el país y mejorar las condiciones de vida de los afganos en estrecha colaboración con la misión de asistencia de Naciones Unidas en Afganistán, denominada UNAMA y otras organizaciones internacionales y no gubernamentales. Como se ve no se trataba de reemplazar a las legítimas autoridades del gobierno afgano sino de prestarles máxima asistencia, dotarles de una estructura de gobierno sólida y llenar los vacíos que dicho gobierno no era capaz de cubrir, y evitar así, de esta manera, que Afganistán se convirtiera en un Estado fallido.

En su primera fase, la misión de ISAF estuvo durante los dos primeros años prácticamente circunscrita a la capital Kabul, donde las tropas españolas se hicieron cargo de la gestión del aeropuerto y de la asistencia sanitaria de las fuerzas internacionales.

En 2003, una nueva Resolución de Naciones Unidas, la 1510, otorgaba el mando de la misión a la OTAN y, a comienzos de 2004 daba inicio la fase de expansión de ISAF para lograr que la presencia del gobierno alcanzara a la totalidad del territorio.

Distribución de zonas

Nuestras tropas abandonarían Kabul para hacerse presentes en las provincias occidentales de Herat y Badghis. La articulación de la misión incluía cinco grandes mandos regionales y un mando en la capital, Kabul, que se haría cargo de este período de expansión. En la distribución de zonas vimos el Mando Regional Sureste, bajo liderazgo americano por ser la zona de mayor influencia y de mayor fortaleza de la insurgencia. El Mando Regional Norte, bajo el mando de un general alemán; el Mando Regional Oeste, donde desplegaban las tropas españolas al mando de un general italiano. En la capital Kabul, el Mando Regional de la capital, bajo el mando de un general turco.

Se diseñaron dos instrumentos que pretendían hacer efectiva nuestra presencia sobre el terreno: los Equipos de Reconstrucción Provincial, y los Equipos Operativos de Mentorización y Enlace, pues se trataba de actuar en esta doble vertiente de reconstrucción y seguridad. En Herat, España asumió el mando de la Base con la dirección de un coronel del Ejército del Aire, proporcionando los servicios aeronáuticos. Desplegó también la Unidad de Helicópteros que era esencial para el apoyo móvil; una Compañía de Reacción Rápida, denominada QRF, destinada para dar apoyo a los contingentes en las situaciones tácticas más comprometidas, y también desplegó el Hospital de Campaña del Mando Regional Oeste, conocido como el ROLE 2 ECO, apoyado este ROLE 2 por dos helicópteros medicalizados del Ejército del Aire para evacuación sanitaria. Ese despliegue sanitario durante toda la misión fue un elemento clave. La asistencia sanitaria representa uno de los apoyos esenciales en toda misión, y cuya carencia puede afectar notablemente a la moral de las tropas. El soldado sabía que si era herido iba a ser asistido en primera instancia por la célula de estabilización que desplegaba en su columna, y que en un tiempo breve sería evacuado a una organización sanitaria con capacidad quirúrgica y tratamiento de heridas graves. Se tenía siempre presente lo que se denomina la hora de oro, la golden hour, que es el tiempo en el que un helicóptero de evacuación sanitaria debía evacuar a un herido en combate para garantizar su supervivencia.

La otra parte del contingente, como se ha mencionado, se hizo cargo del Equipo de Reconstrucción Provincial en la provincia norteña de Badghis y estuvo en funcionamiento desde 2005 hasta 2013.

Estos equipos eran algo nuevo y extraño para los militares. Lo cierto es que no existía consenso entre las 32 naciones que aportaban PRT,s, en cómo debían estar constituidos dichos equipos.

Tan solo estaban de acuerdo en que debían ser multidisciplinares, integrando militares, diplomáticos y trabajadores civiles para dar respuesta a esos tres desafíos mencionados: seguridad, gobernanza y desarrollo. De esta manera coexistían Equipos Regionales de Reconstrucción puramente militares, como el inglés y el holandés, con otros civiles como el alemán. España actuó con un modelo mixto, con un equipo constituido por un componente militar al mando del Coronel Jefe del Contingente, y un componente civil al mando de un diplomático de carrera, español. El componente militar estaba principalmente montado en la estabilización mediante dos elementos fundamentales: una Unidad de Operaciones Psicológicas para hacer ver nuestra presencia en la provincia y una unidad cívico-militar, responsable de planear y ejecutar los denominados Proyectos de Impacto Rápido, que eran obras de bajo coste pero de gran rendimiento y muy apreciados por los afganos. En el componente civil tenía un papel relevante la Agencia Española de Cooperación Internacional, y contaba también con un asesor político que debía apoyar al gobierno afgano de la provincia. Correspondía al componente civil del PRT la coordinación y puesta en marcha de los grandes proyectos y las grandes inversiones, como fueron por ejemplo la construcción del hospital de Qala-i-Naw, el asfaltado de las calles, la carretera de Badghis hacia Herat, o la pista nueva del aeropuerto . Todo ello realizado con inversiones y dirección española pero con trabajadores afganos.

España era consciente de que no existía una respuesta puramente militar al problema y, aquí incorporamos un segundo concepto a nuestro vocabulario militar, definido como Enfoque Integral, que ponía el énfasis en que el éxito de una operación militar debía incluir una adecuada sincronización con otras tareas de información pública, operaciones psicológicas, cooperación cívico-militar, colaboración con organizaciones no gubernamentales , lucha contra la corrupción, o apoyo y asesoramiento a las autoridades afganas.

Lo cierto es que el Equipo de Reconstrucción Provincial español, pese al esfuerzo realizado y a la importante inversión económica, cerca de los 600 millones, tuvo un éxito relativo, y por dos causas principales. En primer lugar la ausencia de un mando único. En el equipo, la parte militar y civil se coordinaban de dos formas bajo una misma autoridad y esto se debía al recelo entre el Ministerio de Defensa y el Ministerio de Asuntos Exteriores sobre el protagonismo de cada uno de los componentes . El funcionamiento del PRT dependía de la buena sintonía que hubiera precisamente entre el coronel y el embajador.

Distribución de zonas

La segunda causa que limitó el éxito del PRT fue el limitado dimensionado de los equipos para la ingente tarea de reconstrucción que había que hacer, puesto que Badghis era una de las provincias más pobres de Afganistán y estaba todo por hacer, carente de todo tipo de infraestructuras. La segunda herramienta de la que dispuso España para contribuir a la estabilización, han sido los llamados Equipos de Mentorización y Enlace, que desarrollaron una labor complicada e intensa a lo largo de los 13 años que perduraron, con la finalidad de conseguir un ejército y unas fuerzas de seguridad afganas autosuficientes y viables. Estos equipos desplegaron sobre el terreno con los batallones afganos denominados Kandaks. Los militares españoles dirigían, junto a los mandos afganos, la instrucción y el adiestramiento de sus unidades, les asistían en el planeamiento de las operaciones contra la insurgencia y participaban también en ocasiones en dichas operaciones, facilitando fundamentalmente el enlace y los apoyos, principalmente apoyo aéreo, que proporcionaban las fuerzas internacionales. En su etapa final, a partir de 2013, estos equipos evolucionaron hacia los equipos de asesores militares en los que se daba por finalizado el asesoramiento y adiestramiento de pequeñas unidades y se ponía el acento en el asesoramiento de los Cuarteles Generales y grandes unidades del ejército afgano.

Tuve la suerte de estar encuadrado en uno de estos equipos, con algún compañero que hoy está aquí conmigo, donde colaboramos en el planeamiento y la conducción de operaciones del 207 Cuerpo de Ejército, desplegado en toda la parte occidental de Afganistán, y donde creo, Luis, que nos sentimos uno más entre los militares afganos. Creo que estos equipos han sido, sin duda, los que nos han proporcionado las más gratificantes experiencias a todos los que hemos desplegado en Afganistán. Con ellos se vivía, se compartían experiencias, y en muchos casos se combatía hombro con hombro con soldados afganos que, como los insurgentes a los que se enfrentaban, eran valientes y duros, capaces de combatir durante muchas horas en duras condiciones climáticas y con un equipo en muchas ocasiones escaso.

Para los asesores, nuestra principal amenaza venía dada por lo que se llamaba incidente azul contra verde, aludiendo al color de los uniformes afganos y de las fuerzas internacionales. Hacía referencia a la posibilidad, siempre presente, de que personal infiltrado en las unidades del ejército o la Policía, pudiera cometer atentados contra las fuerzas internacionales, como ocurrió en 2010 en Qala-i-Naw, cuando un policía afgano abrió fuego y abatió a un capitán y a un alférez de la Guardia Civil, y a su intérprete, durante un curso de formación política.

El tercer período de nuestra presencia afgana es el correspondiente a las operaciones llevadas a cabo para ampliar nuestra presencia en toda la provincia de Badghis, a partir de 2008. El Ejército de Tierra era consciente de que los progresos realizados por los Equipos de Reconstrucción Provincial eran insuficientes para garantizar la seguridad y gobernabilidad en toda la provincia.

Se requería un mayor número de efectivos para consolidar la autoridad del gobierno afgano y extender el control del territorio más allá de la capital Qala-i-Naw.

En 2009 se finalizó la construcción de una nueva Base, denominada Ruiz González de Clavijo, que era una base más próxima al aeropuerto, que proporcionaba mejores condiciones de seguridad y mayor confortabilidad a nuestras tropas. Se incrementó entonces notablemente nuestra presencia hasta alcanzar un máximo de 1600 efectivos entre Kabul, Herat y Qala-i-Naw, con unidades destinadas a la lucha contra la insurgencia, con la creación del Batallón de Maniobra, una unidad que prácticamente triplicaba la capacidad de combate que tenían las fuerzas españolas en Badghis hasta la fecha.

Ello permitió la expansión por toda la provincia mediante la ocupación de los denominados Puestos de Combate Avanzados, que estaban unidos en la famosa Ruta Lithyum, que atravesaba de norte a sur toda la provincia.

Esta fue sin duda la etapa más exigente, con misiones que exigían una total adaptación a las tácticas y técnicas del combate talibán. Conviene hacer una breve explicación de cuáles eran estas principales amenazas a las que se enfrentaban. En Afganistán, las fuerzas de oposición a la autoridad del gobierno eran predominantemente los grupos insurgentes talibanes, pero existían también otros factores de inseguridad: señores de la guerra; líderes locales que trataban de mantener el control del territorio mediante sus propias milicias, con lazos muy estrechos con el crimen organizado, ligado principalmente al cultivo del opio, lo que fomentaba además numerosos casos de corrupción con las autoridades locales. La insurgencia no estaba dotada de armas pesadas y era consciente de nuestra mayor capacidad de combate, pero sin embargo se aprovechaba de su capacidad de adaptación, de su movilidad, de su habilidad para camuflarse con la población. Los insurgentes de Badghis se especializaron en los ataques a convoyes y puestos avanzados, y convirtió los artefactos explosivos improvisados, en la principal arma contra las fuerzas internacionales.

En la preparación previa de los contingentes españoles, la lucha y la gestión de incidentes provocados por estos artefactos, la protección de convoyes, el entrenamiento del personal sanitario o la recuperación de vehículos bajo fuego enemigo, eran las principales tareas de adiestramiento, persuadidos de que el sudor en el campo de entrenamiento ahorra sangre en el campo de batalla. Las unidades de maniobras normalmente Compañías que se destacaban para proteger convoyes u ocupar puestos avanzados debían estar apoyadas por los Capacitores, sistemas de armas que proporcionaban capacidades adicionales y que supusieron un importante salto en la dotación de materiales modernos y tecnológicamente más avanzados.

Aquí nuestras unidades se dotaron de vehículos contra-minas RG 31, con medios de limpieza de rutas Husky 2G, o vehículos de enlace-movimiento. Se contó con medios de obtención de información, como las naves no tripuladas Reaper o Predator. En todas las columnas desplegaba un equipo de desactivación de explosivos, y también en todas operaba una célula de estabilización sanitaria, y contaban con un equipo de enlace tierra-aire para dirigir el apoyo próximo a helicópteros ya que por primera vez se desplegaron los helicópteros de ataque Tigre, o el apoyo aéreo en caso de máximo compromiso.
A partir de 2013 comenzó la transferencia de las bases y puestos avanzados españoles al ejército nacional afgano en Badghis, dando comienzo a la última fase de nuestra presencia en el país asiático. En 2013 se transfirieron los puestos avanzados de Ludina y Muqur, y a finales de ese mismo año, en septiembre, se entregó la principal base española, la Base Ruiz González de Clavijo, en la capital de Qala-i-Naw. El 25 de septiembre se arriaba por última vez la Bandera española en Badghis y todas las unidades se replegaron sobre Herat. Un año y medio más tarde finalizaba también la presencia española en la provincia de Herat, con la transferencia de la base y del aeropuerto a las autoridades afganas. Se había alcanzado el propósito general de la Fuerza Internacional de Asistencia y Seguridad en Afganistán al hacer a los propios afganos responsables de su propia seguridad y daba comienzo la nueva misión, Apoyo Decidido, proyectada a la asistencia militar al más alto nivel y que ahora cuenta con una participación española muy reducida ceñida al adiestramiento de las fuerzas de operaciones especiales.

Luego, el General Mur Lalaguna, dijo lo siguiente: Permítanme, ahora que estoy llegando al final de mi intervención, fijar mi atención en el verdadero protagonista de nuestra misión en Afganistán, que no es otro que el soldado español.

Fíjense en estas fotografías que muestran cómo han trabajado nuestros soldados en Afganistán, en duras condiciones climatológicas, en un terreno hostil, y siempre con el ánimo de cumplir la misión a toda costa. Nuestros hombres y mujeres son soldados duros, sufridos y disciplinados. Si de algo nos ha servido a los militares españoles nuestra presencia internacional en diversas operaciones es para quitarnos ese complejo de inferioridad tan español, confirmando que el soldado español está muy bien formado, atesora fuertes valores morales y es ante todo un soldado con una enorme capacidad de sacrificio. El soldado español es muy ágil en responder a los retos y a los problemas, y tiene una iniciativa que no se da en otros ejércitos amigos, y sobre todo el soldado español tiene fuertes lazos de compañerismo. Espero que esta conferencia sirva también para que todos ustedes, fundamentalmente los que no son militares, sean conscientes del sacrificio callado de tantos soldados españoles lejos del hogar.

Como conclusión explicó el general Mur que la intervención española en Afganistán ha tenido sus luces y sus sombras, y no pretendía ofrecernos una visión idílica. Desde 2002 hasta la fecha actual han muerto más de 32.000 civiles, hombres mujeres y niños, bien por causa de las fuerzas gubernamentales, las fuerzas de la coalición, o bien, mayoritariamente, en ataques y acciones terroristas de las fuerzas insurgentes. No han desaparecido completamente los atentados, la inseguridad continúa presente, la corrupción sigue siendo una lacra en el país asiático, y la acción del gobierno afgano no alcanza a muchas zonas rurales, donde la insurgencia se mantiene fuerte e incluso en los últimos años ha recuperado terreno. También la lucha contra el cultivo de opio y el crimen organizado es una asignatura pendiente.

Pero también es cierto que Afganistán es hoy día un país con un mayor grado de libertad, con mayor desarrollo, y fundamentalmente de hecho lo sienten las mujeres. El país ha celebrado con repetido éxito sus cuartas elecciones presidenciales hace unos meses. Ha progresado en su desarrollo económico y social. La esperanza de vida, que en 2002 era de 43 años, es hoy de 64. La tasa de alfabetización ha alcanzado al 33% frente al 14% de 2002. Hoy un 48% de niños y jóvenes pueden acceder a la escuela, algo impensable en el período talibán. El acceso al agua corriente alcanza ya al 64% de la población, y el tamaño de la economía y la renta per cápita se ha multiplicado por 10 en estos 17 años. En palabras del último Comandante de la Fuerza Internacional de Asistencia y Seguridad, el general norteamericano Jhon Campell, “hemos sacado al pueblo afgano de la oscuridad y del desamparo y le hemos dado esperanza para el futuro”.

Finalizó el General Mur la conferencia con estas palabras: “en Afganistán han dejado la vida 102 militares españoles en combate o accidente y creo que a ellos debemos un deber de gratitud y recuerdo”.

Nosotros, desde estas sencillas líneas de los Reales Tercios de España también finalizamos esta crónica con la expresión de nuestra gratitud a la Delegación de Defensa en Aragón, en la persona del Delegado, Coronel Conrado José Cebollero Martínez por su invitación a la conferencia y felicitamos a la Cámara de Comercio por la presentación de la misma en Zaragoza.

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