Noticias

CONFERENCIA DE LA FUNDACIÓN BASILIO PARAÍSO “AQUELLOS CONSTITUCIONALISTAS QUE CONOCÍ Y OTRAS EXPERIENCIAS POLÍTICAS” (Rodolfo Martín Villa)

Inicios del acto

El pasado día 20 de enero de 2020, en las instalaciones del Colegio Mayor Universitario Miraflores de la capital aragonesa, tuvimos el placer de asistir, invitados por la prestigiosa Fundación Basilio Paraíso, a una magnífica conferencia, titulada “Aquellos Constitucionalistas que conocí y otras Experiencias Políticas”, impartida por Rodolfo Martín Villa, Ministro de la Gobernación (luego llamado de Interior) de 1966 a 1973.

La conferencia había despertado gran interés y la sala destinada al efecto se llenó por completo de un público deseoso por conocer las experiencias del que fue uno de los políticos más relevantes de la transición.

Se inició la sesión con unas breves palabras del Presidente del Patronato del Colegio Miraflores, Antonio Martín Guillen, quien dijo lo siguiente: Bienvenidos a esta última conferencia del Ciclo de Conferencias sobre la Constitución Española, en la que vamos a tener el placer de escuchar a Don Rodolfo Martín Villa. Quiero expresar que para el Colegio Mayor Universitario Miraflores es un placer y un honor colaborar con la Fundación Basilio Paraíso, con la Cámara de Comercio y también con Ibercaja, en este ciclo.

Cedió la palabra a José Luis de Arce, no sin antes reseñar un muy breve resumen de su extenso currículum. José Luis de Arce fue uno de los fundadores de la UCD en Zaragoza, y Diputado del Congreso en la primera legislatura constitucional, del 79 al 82,. Es miembro de la Asociación Española de Diputados y Senadores de las Cortes Generales.

Inició su intervención José Luis de Arce con las siguientes palabras: Se cierra un ciclo de conferencias que iniciamos en el mes de mayo pasado y que nos ha traído a esta ciudad personajes importantes que tuvieron mucho que ver con la transición y por supuesto con la Constitución, a la cual hemos tratado de homenajear con este ciclo de conferencias.

Yo creo que el señor Martín Villa es una persona conocida por todos ustedes, pero si alguien no ha oído hablar de él, cosa rara, les voy a hacer una rápida semblanza de lo que es y ha sido la vida política, sobre todo, de este personaje de la transición que tiene la cualidad, como aquellas gentes de entonces la tuvieron, de poder entenderse, de poder hablar, de poder ser cómplice en la historia y en la aventura de sacar a España adelante, cosa que hoy día no sería, seguramente, tan fácil.

Explicó luego José Luis de Arce que Rodolfo Martín Villa es ingeniero industrial, tiene, aunque no lo parezca, 85 años, y está vinculado a las estructuras de poder en España desde su más tierna infancia. De hecho, hay un compañero suyo, político también como él, que fue Ministro de Trabajo en tiempos, Fernando Suárez, que dijo de él en cierta ocasión: Martín Villa es un hombre que se subió al coche oficial a los 11 años y aún no se ha bajado. Eso quiere decir que su vida ha estado dedicada a la política. Tiene un libro, que se titula Al servicio del Estado, que publicó hace unos años Planeta, en su colección Espejo de España, en el que relata lo que ha sido su dedicación, toda su vida al servicio del Estado y al servicio de la vida pública de España, antes y después de la muerte de Franco, con una clara voluntad política que ha hecho que su vida estuviera cosida a la reciente historia de España.

Altos poderes y responsabilidades tuvo en el Movimiento, en los Sindicatos Verticales, en el SEU, en la Administración, donde fue Director General de Industrias Textiles y Gobernador Civil de Barcelona, donde le sorprendió la muerte de Franco. A partir de ahí entra en contacto con los hombres de la transición, se vincula directamente a la operación de cambiar el país, de darle una salida como la que se consiguió dar en aquellos tiempos y empieza su vida política mucho más activa, siendo Ministro de Relaciones Sindicales en el Gobierno de Arias Navarro, para posteriormente ser Ministro del Interior con Adolfo Suárez, en un interregno Senador de designación Real., y por último Ministro de Administración Territorial.

Antonio Martín Guillen

Es decir, es un hombre que ha pasado por tres ministerios lo cual no ha sido frecuente en la vida política de los españoles. Finalmente, con Calvo Sotelo, fue Vicepresidente del Gobierno, lo cual indica una trayectoria absolutamente plena y dedicada al Estado. Acaba su vida política y comienza una segunda etapa dedicada más al mundo de la empresa, donde también presta unos brillantes servicios al mundo empresarial y económico español. Rodolfo Martín Villa fue Presidente de ENDESA, antes de que lo fuera Pizarro, cuando ocurrió la famosa operación con los italianos; fue Presidente de SOGECABLE; Consejero de Técnicas Reunidas, empresa que también cotizaba en bolsa, y ha sido también Director General Presidente de SAREB, el famoso banco malo que se creó para limpiar todo el desperdicio que dejó la crisis económica en España.

Ingresó, no hace mucho tiempo, en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, donde presentó un magnífico discurso de entrada, titulado Las Claves de la Transición, y le contestó otro de los padres de la Constitución, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón.

Finalizó José luis de Arce con la siguiente anécdota: A pesar de que sus cargos de ministro le hicieron aparecer como un hombre aparentemente duro, como debe ser un Ministro de Interior, por ejemplo, pudo hacer amigos. En el año 1980 hizo un crucero familiar por el Mediterráneo y tocaron puerto en Dubrovnik En aquel momento también estaba de vacaciones por el este de Europa Santiago Carrillo, que al enterarse de que en el barco que había parado en Dubrovnik viajaba Martín Villa con su familia, se fue al puerto para entrevistarse, una tarde entera, con su amigo Rodolfo Martín Villa.

Tenemos dos procedencias absolutamente dispares. Un hombre que viene de la época de Franco, de la época azul como se decía entonces y Santiago Carrillo, que era el ogro en aquel momento para muchos españoles. Y sin embargo saben encontrarse una tarde, tomar unas copas juntos y hablar de España que es lo que les preocupaba y lo que querían sacar adelante. Ese es Rodolfo Martín Villa, a pesar de la leyenda que ha podido tener de hombre duro, y de Ministro del Interior conflictivo.

Ello en unos tiempos en los que los conflictos ponen en tela de juicio la capacidad, la energía, los redaños y las decisiones de un Ministro del Interior.

Tomó la palabra el ponente y dijo lo siguiente: Voy a hablar de la transición, es decir de aquel período que comienza a finales de 1975 con la muerte del General Franco y que culmina tres años más tarde, a finales de 1978, con la aprobación de la Constitución Española. Cuando José Luis me llamó para este acto, en este colegio mayor, me dijo: “yo creo que debes hablar de la constitución”, y yo le dije: sí, voy a hablar de la constitución pero sin embargo voy a ahondar más en cómo se llegó, en dos etapas, desde Franco a la constitución. Una de finales de 1975 y elecciones generales de final de 1976, a partir de las cuales, a partir del día siguiente, España era ya políticamente democrática, y una segunda con elecciones generales a finales de 1978, cuando España es ya un régimen político constitucional, el que tenemos ahora, una impecable constitución.

José Luis de Arce

La primera etapa es un proceso de reforma y por tanto el primer Gobierno que la conduce , el primer Gobierno de Adolfo Suárez, no es un Gobierno democrático. Nos han nombrado a todos. Primero el Rey nombra, previa propuesta del Consejo del Reino, al Presidente Adolfo Suárez. Éramos 20 personas, cuatro de ellos militares, Tenientes Generales o Almirantes de la Armada, porque en aquel entonces los tres ejércitos tenían cada uno su ministerio. Los otros 16 éramos, prácticamente todos, lo que entonces se vino a llamar jóvenes reformistas. De los 16, solamente 2 no habían tenido responsabilidades en el régimen de Franco. Uno era el Ministro de Educación, el Catedrático de Derecho Mercantil, Aurelio Menendez, el otro acaba de morir, era el Ministro de Hacienda, Abogado del Estado, Eduardo Carriles Galarraga.

Ninguno habíamos hecho la guerra, excepto los cuatro militares. Eso nos daba una cierta ventaja para poder conservar todo lo que el pueblo español quería, y también una enorme ventaja para lograr el mejor producto de la transición, que fue la reconciliación de España, la reconciliación entre españoles. ¿Por qué?, porque incluso algunos de nosotros, yo tenía un año el 18 de julio de 1936, teníamos el recuerdo de lo más terrible que puede pasar en una guerra civil entre españoles, que es haber tenido gente en un sitio y en otro.

Y esa experiencia que para nuestros mayores tuvo que ser terrible, para sus hijos, algunos de los cuales estábamos en el Consejo de Ministros, fue una experiencia maravillosa porque era ver las cosas desde un lado y de otro.

El primer Gobierno de Adolfo Suárez, sin soberbia y sin vanidad siquiera, podríamos decir que acertamos bastante en el diagnóstico de ¿qué había que resolver a la muerte de Franco? Nosotros interpretamos, creo que con acierto, que en España, en aquel momento, no había una mayoría social, ni una mayoría política. A pesar de que los partidos políticos estaban legalizados no había una mayoría que pretendiera que el cambio debería hacerse abandonando de cuajo y de repente todas las estructuras del sistema político y se crearan unas nuevas, no se sabe como. Es lo que ustedes, los de más edad, recordarán como la Reforma de la Ruptura.

Sin embargo, simétricamente, pensamos que había una mayoría muy importante que creía que debíamos ir a un régimen abierto y democrático, que en cierto modo no dejaba de ser consecuencia de un cambio social muy importante que había habido , sobre todo, a partir de la liberalización de la vida económica, digamos los 15 años que van de 1960 a 1975.

Por un lado no había que acabar de repente con lo que había pero, evidentemente, muerto Franco, lo que teníamos que ser es un sistema político democrático, al aire europeo. Lo europeo intervino muy bien en el sentido más político que económico. Hoy la Unión Europea es, fundamentalmente, una organización económica, es la Europa del euro.

Lo cual no quiere decir que no sea importante la política, pero en aquel entonces era la Europa de la libertad, por lo tanto esos dos casos estaban muy presentes.
Había una mayoría absoluta que quería que subsistiera con paz y con libertad, con orden y que, en definitiva, no fuéramos a repetir la Guerra Civil. Lo peor que podía suceder es que al final de un régimen político que se originó con la Guerra Civil 1936-1939 no se despidiera en 1975 con otra guerra civil, de ahí mi insistencia en el tema de la reconciliación. Dicho esto, digamos que el diagnóstico de la situación lo hicimos bien, pero lo cierto es que no sabíamos como se resuelve esto.

De alguna manera la historia se repite. A los gobernantes de entonces, de aquel Gobierno de Adolfo Suárez, se les presentaron con distinto grado de dificultad, los cuatro grandes problemas que habían afectado a la reciente historia de España en sus dos o tres intentos democratizadores. Primero la lucha de clases, las diferencias económicas. Habíamos comenzado el siglo siendo un país atrasado y agrario, y entonces éramos un país urbano e industrial.

Hemos sido un país capaz de guerrear entre nosotros siempre que se nos ha ocurrido, hemos participado en guerras con otros y hemos tenido guerras coloniales. Todo eso tuvo aspectos bastante negativos y con ese problema nos encontramos. Problema que, al final, tampoco tuvo excesivas complicaciones en un proceso en el que el gran conductor del mismo era el Rey, que era el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, que estuvo a punto de estallar en algunos momentos con la legalización del Partido Comunista, y que explotó con el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Había otra cuestión que también había influido, y no poco, no siempre positivamente, que es la cuestión religiosa. El hecho de la declaración de la religiosidad del Estado, de la confesionalidad del Estado, es algo que había acompañado prácticamente a la historia constitucional de los siglos XIX y XX. Pero se había producido el Vaticano II, se había roto, desde la propia iglesia, con la presencia de la confesionalidad de los estados, se había abierto la posibilidad, que es la que sigue habiendo, de relación y cooperación entre iglesia y Estado, pero no de confesionalidad.

Rodolfo Martín Villa

Ya en los últimos tiempos del franquismo había habido no pocos problemas entre la iglesia española y los gobernantes. Recuerdo, cuando era Gobernador de Barcelona, que las conversaciones con el Cardenal Arzobispo de Barcelona tenían su complejidad. Una vez que el cardenal se abrió a la sinceridad e incluso al buen humor, dijo: bueno, ya sabe Ud. que cuando nos reunimos los obispos de la Conferencia Episcopal, siempre nos preguntamos, ¿qué tal te llevas con el Gobernador?, a lo cual le respondí: no se preocupe Cardenal, cuando nos reunimos los Gobernadores también nos preguntamos, ¿qué tal te llevas con el Obispo?.

No dejo de reconocer que la iglesia católica en España, para el proceso de la transición, fue un bien absoluto. Tenemos que recordar, no como político pero sí como una persona absolutamente imprescindible para el proceso de transición, al Cardenal Tarancón, en aquel entonces Cardenal Arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal. El discurso del Cardenal Tarancón en la Iglesia de los Jerónimos, el 28 de noviembre de 1975, es absolutamente impecable en cuanto a la posición que una iglesia moderna debe tener en un Estado moderno.

El cambio que se había producido en la sociedad española en los años 60-75 había sido muy duro, y por lo tanto aquella España atrasada, agraria, analfabeta a pesar de los esfuerzos del Gobierno de la República en materia educativa, no tenía nada que ver con la España que los gobernantes de la transición nos encontramos.

Éramos el 10º país industrial del mundo, teníamos el 80% de la renta de la Europa de entonces, que era la Europa rica. No habíamos entrado ni España, ni Portugal, ni Lituania, ni Grecia, ni por supuesto los países antiguos comunistas. Los estudiantes de bachiller eran en 1975 el doble de los que había en 1960, los estudiantes universitarios eran en 1975 cinco veces más que en 1960, y en las escuelas de ingeniería el número se multiplicó por 10.

El acceso y la presencia de la mujer en las facultades universitarias era ya del 40% en 1975. Estos datos, unidos al crecimiento exponencial del consumo eléctrico, representan mejor que nada el que éramos un país nuevo y distinto, en el que los cambios habían sido positivos.

Vicente E. y Tarancón (Religión Digital)

Nos encontramos ante cómo pasar de un régimen militar, surgido de la Guerra Civil, que tampoco era el franquismo de la primera parte posterior a la guerra, quizás la parte más difícil de comprender. No era un Estado democrático pero al menos era un Estado de derecho administrativo. Las relaciones de los ciudadanos con la Administración eran muy parecidas a las actuales, y sometidas, por supuesto, al varapalo del Tribunal de Justicia, es verdad que una justicia no independiente del Ejecutivo, como lo es ahora, en un Estado Social y Democrático de Derecho. A mí, como Director General me han echado al corral dos o tres resoluciones en virtud del derecho administrativo y me he tenido que aguantar.

Recordó Martín Villa que el Rey Juan Carlos I, designó el 3 de julio de 1976 Presidente del Gobierno a Adolfo Suárez, a propuesta del Presidente del Consejo del Reino, Torcuato Fernández Miranda, encargado de formar la terna en la que también figuraban, Federico Silva Muñoz y Gregorio López Bravo.

Recordó también un Consejo Extraordinario, alrededor del 20 de agosto, cuando el Presidente Suárez, que tenía su despacho no en la Moncloa, sino en la sede habitual de la Presidencia del Gobierno, en el Paseo de la Castellana, entró con unos papeles cogidos con los dedos, que no serían más de dos o tres folios, y eso era la Ley para la Reforma Política, que era una cosa muy sencilla. Elijamos los españoles unas cámaras impecables por sufragio universal que nadie pueda decir que no son impecablemente democráticas y que por lo tanto no tienen autoridad, no solo política sino moral para hacer una Constitución.

La ley mantenía un aire, sobre todo en el primer papel, un poco terminante, definitorio, muy del estilo del Presidente de las Cortes, el Rector Magnífico de la Universidad de Oviedo, y que era un personaje muy parecido al texto definitorio que hizo, de tal forma que puede decirse que la transición había tenido un empresario, el Rey, un autor, Torcuato Fernández Miranda, y un actor, Adolfo Suárez.

La ley requería que fuera aprobada por las Cortes y requería también la legalización de los partidos políticos, que tenía un especial capítulo con la legalización del Partido Comunista, porque los comunistas españoles habían sido realmente los que habían estado presentes, con mucho más protagonismo que cualquier otro en los sindicatos CC.OO.

Se ha comentado la dureza excesiva del Ministro de la Gobernación, del Interior, pero es que una de las cosas que más preocupaba a los españoles de entonces es que la democracia les trajera el desorden, ¿pasaría otra vez como en la Segunda República?. Había que ser de ideas abiertas pero no se podían ir las cosas de las manos, como por ejemplo el intento de huelga general en diciembre de 1976. Aunque los gobiernos democráticos digan que las huelgas generales no les importan, si que les importan. También se temía que la democracia perjudicara los niveles alcanzados.

Después de años de democracia, España es un país de los que más ha crecido económica y socialmente, y España es uno de los países más seguros donde se puede andar por las calles con más libertad, salvo algún caso que pueda pasar.

El profesor Santos Juliá, que acaba de morir, un especialista en Manuel Azaña, que tiene un libro sobre la transición y, sobre todo en concreto sobre el proceso de la amnistía, dice, y con razón, que casi siempre se habla de la Ley de Amnistía que yo tuve en el 75, que ya es una ley más impecablemente democrática, es una ley de las Cámaras elegidas.

Pero él cuenta que es un proceso que comienza incluso a pocos días de la Coronación del Rey, aún con el Gobierno último de Franco, en que hay un gran indulto general, que era muy propio del franquismo, tanto por fiestas de carácter político como por festividades religiosas. Es un indulto que deja las cárceles, seguramente, con el número de presos más bajo de la historia, pero presos comunes muy conflictivos, y uno de los temas más difíciles que se encontraron fue el de problemas de orden público en las calles. Pero sin embargo deja descontentos a los presos por el ejercicio de derechos que luego formaron parte del conjunto de derechos individuales y colectivos, tanto sindicales como políticos porque, claro, borraba la pena pero no podía borrar la culpa, porque aún no se habían legalizado y los partidos políticos se habían abierto al pluralismo sindical. Con esa situación se encontraron después de ese indulto numéricamente muy importante y en un Consejo que se celebra, poco tiempo después de ser nombrados, en La Coruña porque todo el Gobierno acudió a Santiago porque ése era Año Santo de Santiago, la ofrenda la hacía el rey, y el rey habló del indulto, sin precisar pero habló del indulto.

Al cabo de unos días se reunieron en Santiago y dieron su primer decreto, que ya habla con todo detalle de afanes de reconciliación que se habían dicho en la declaración programática un mes antes.

Desde el punto de vista técnico y político se indultaba hasta delitos que hayan tenido que ver con la vida y la integridad de las personas, eufemísticamente hablando terroristas, es lo único que se exceptúa, delitos que hayan puesto en peligro o hayan afectado a la vida y la integridad de las personas, lo cual hace que se recibe por la opinión pública y sobre todo por la opinión publicada como que esto es lo más que se podía hacer.

Adolfo Suárez González

En cierto modo el terrorismo, que fue para nosotros y para la transición, y para después de la transición, ojalá hubiera sido cierto lo que ingenuamente pudimos creer en algún momento y que muerto Franco, muerto el terrorismo, muerta ETA, resulta que con gobiernos de transición, con gobiernos democráticos, con gobiernos constitucionales, con gobiernos de derechas y con gobiernos de izquierdas, en el tiempo que estuve, tres años, prácticamente tuve un muerto por semana.

El cabo suelto que nos queda, en una situación que hoy no se entendería después de lo que desgraciadamente ha pasado es que entonces lo de ETA era un grupo político, era antifranquismo. Hombre sí, será usted todo lo antifranquista que quiera pero usted es un criminal, lo digo con la claridad y la contundencia que se puede decir ahora, y con la que se puede escuchar, que no era precisamente el ambiente de entonces.

Entonces queda el tema pendiente y ya, después de las elecciones de junio, los grupos políticos acceden a ver al Presidente del Gobierno y, con el fin de facilitar que el nacionalismo vasco no tuviera razones, o por lo menos excusas, para no participar en el proceso, que al final participó, incluso se quita lo de “hubieran puesto en peligro” con lo cual los únicos que quedan en la cárcel y detenidos son los acusados o condenados de delitos que han atentado a la vida y han participado directamente en atentados contra la vida y la integridad de las personas.

Incluso, recordarán los más mayores, el juicio de Burgos, el Consejo de Guerra de Burgos. De los cuatro detenidos que eran muy importantes, uno de ellos Teo Uriarte, es fraternal amigo mio en este momento. Se les da la posibilidad de lo que se llamó extrañamiento, para que pudieran salir de la cárcel, creo que estaban en el penal de Córdoba. Y con eso llegamos a las elecciones del 75, y la parte final del proceso es la Ley de Amnistía, que ya es de las Cortes Democráticas.

Realmente nos encontramos con las últimas consecuencias de la Guerra Civil. Hay una intervención, la oposición debía crear una comisión, que se llamó la Comisión de los Nueve. Entre ellos había un diputado nacionalista vasco que había sido Consejero del Gobierno Vasco, el poco tiempo que duró el Gobierno Vasco, y luego había estado en el exilio, que escribió un libro que habla del perdón y el olvido. Señala un conjunto de parejas de personajes que han sido muertos por un lado o por otro. Dice: habrá que olvidar y habrá que perdonar a los responsables de la muerte de Companys, Presidente de la Generalitat, y del Presidente Carrero Blanco, de la muerte de García Lorca y de la muerte de Pedro Muñoz Seca. Hace varias parejas que nos siguen impresionando.

Los “padres” de la Constitución (ABC.es)

Y como he sido ministro del ramo, comentaba esta mañana, que estaba con Juan Alberto Belloch, y dice, los culpables de la muerte del Ministro de la Gobernación Salazar Alonso y del Ministro de la Gobernación Zugazagoitia, La cosa tiene su significado porque Zugazagoitia fue Ministro de la Gobernación en uno de los últimos gobiernos, creo que el de Juan Negrín, un socialista ejemplar, que acaba la guerra, consejo de guerra y fusilamiento. Pero a Salazar Alonso y a otro ministro, Rico Avello, quien se los carga son los milicianos del Madrid republicano. Ellos no habían sido ministros franquistas, habían sido ministros de la República, con lo cual se llega al culmen de los despropósitos.

Lo de Batet, que es el que sofoca el intento del 34, porque la República no tiene para sofocar el intento del independentismo catalán otra fuerza que la fuerza militar, hoy tenemos la fuerza de las togas y no la fuerza de las bayonetas, veremos como funciona. El General Batet, que es el que cumple las órdenes del gobierno sofocando aquel movimiento, es trasladado y detenido en Burgos, capital de la cruzada en ese momento, y, también, por obedecer al Gobierno de la República, consejo de guerra y fusilamiento. Este tipo de cosas, de alguna manera, se nos presentó y cuando te encuentras en esa situación, para cortar el nudo gordiano hay que hacerlo con gran generosidad y entendimiento.

Hubo no solo estos casos. Hubo en la guerra posiciones también muy positivas de entendimiento, de los unos y de los otros. Hay un libro, de un periodista de la SER, que habla de historias ejemplares de los dos bandos. Y hay posiciones, ya en vía democrática, que tienen su origen. El socialismo de los jóvenes de 1956 ya lo que pide es que desaparezcan las diferencias entre vencedores y vencidos. El gobierno socialista de Felipe González, en el 50 aniversario del 18 de julio de 1936, hace una declaración impecable: nunca más, por ninguna razón, vuelva el odio a recorrer las tierras españolas.

Terminó la conferencia y nosotros terminamos también aquí nuestra crónica de la misma. Desde estas sencillas líneas de los Reales Tercios de España felicitamos a la Fundación Basilio Paraíso por la organización de este ciclo de conferencias en torno a la Constitución, a la vez que les damos las gracias por habernos invitado al mismo, y expresamos nuestra enhorabuena a Rodolfo Martín Villa, por habernos regalado esta magnífica charla en las instalaciones del Colegio Mayor
Universitario Miraflores.

EnglishFrenchSpanish