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CONFERENCIA “FRANCISCO DE GOYA Y SU PASIÓN POR ZARAGOZA” (Museo del Teatro de Caesaraugusta)

Inicios del acto

El Museo del Teatro de Caesaraugusta fue el escenario cultural al que asistimos, el pasado 28 de octubre jueves de 2021, a la conferencia titulada “Francisco de Goya y su pasión por Zaragoza”, que se enmarca en el Ciclo GOYA Y ZARAGOZA, impartida por el académico Excmo. Sr. D. Domingo Buesa Conde, Presidente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza.
Asistieron, entre otras, las siguientes personalidades: Sara Fernández Escuer, Vicealcaldesa de Zaragoza; Charo Añaños Alastruey, Directora del Museo Goya; Luis Gonzalvo Flores, escritor de novela histórica; Juan Antonio Bolea Fernández-Pujol, escritor, así como un numeroso grupo de académicos de San Luis.

Los Reales Tercios de España, fundados en 1942 por S.A.R. Don Juan de Borbón y Battenberg, estuvieron representados por D. Manuel Grao Rivas, Jefe de RR.PP. e Institucionales del Tercio Norte-Aragón.
A las 19.00 horas, con la presencia de numeroso público en la sala de conferencias, dio comienzo el acto con la intervención del Excmo. Sr. D. Miguel Caballú Albiac, Vicepresidente Segundo de la Real Academia, quien realizó la presentación del ponente, de la cual extraemos los siguientes párrafos:

En Domingo Buesa, su personalidad nace de tres pilares fundamentales. Un pilar es su capacidad de trabajo, infatigable, increíble, que se aprecia de cerca; un segundo pilar sería su capacidad didáctica, que demostrará hoy también hablando de Goya; y el tercero su gran humanidad, la capacidad de acoger, de ser generoso con su tiempo y sus saberes, la capacidad de amar a la cultura y a cuantos tenemos la suerte de ayudarle a construir sus extraordinarios proyectos; amor y pasión por Zaragoza. Nada en exceso salvo el amor. Domingo de amor va sobrado. El exceso es una característica de los genios que se salen de lo normal.

Miguel Caballú Albiac

Hay un detalle curioso en la vida de nuestro excelente conferenciante, que le acabo de decir y que él no había percibido, lo cual me alegra porque saber algo que Domingo no sabe es algo que ya te da un plus, y es que, con el plano de Zaragoza, mirando las casas en las que vivió Goya o su familia, no menos de 10, quizás 11, me he entretenido en trazar unas rayas y hacer la figura de esas casas y, curiosamente, Domingo Buesa vive justo en el epicentro de todas esas casas, a menos de doscientos metros de la más lejana. Pero hay más, ha elegido para recogerse a investigar, a escribir sus novelas o a preparar sus proyectos culturales, una población que está a diecisiete kilómetros de Fuendetodos. Osea, vive en las mismas estepas, parajes, en el mismo medio ambiente que acogió a Goya en su juventud. Si se dice que el carácter del hombre es deudor del entorno y del ambiente en que se desarrolla, no es de extrañar que a Domingo Buesa se le haya incorporado parte de la personalidad creativa de Goya.

Termino diciendo que se ha empeñado en llevar la contraria a Goya. Sabéis que una de las frases del genio de Fuendetodos era que “el mayor enemigo de los aragoneses son los propios aragoneses”, bueno, pues este ciclo y la citación cultural y patrimonial hacia el genio, que hemos vivido este aniversario, ha demostrado que la frase ha quedado obsoleta, que en Aragón se quiere, se ama, se admira y se respeta a Goya, y creo que Domingo Buesa es su más activo defensor. Su pasión por Goya la confirmará con la conferencia que les invito a ustedes a disfrutar.

Tomó la palabra Domingo Buesa, y esto fue lo primero que dijo: Goya sigue siendo un activo y una persona que nos interesa a todos, cuya obra todavía nos sirve para entendernos e integrarnos en esa idea que se llama Aragón.

Aspecto parcial de la sala (I)

Yo, esta tarde, lo que voy a intentar hacer es ocuparme de algo de lo que habitualmente no nos ocupamos de Francisco de Goya, y es su persona. Hablamos de sus cuadros, sobre todo de su gran época en Madrid, de sus cuadros vinculados a la Corte, pero se nos ha olvidado que, además de los cuadros, Goya nos dejó una enorme carga epistolar, una gran cantidad de cartas en las cuales nos describe como vé el mundo, qué es lo que quiere, qué es lo que no le gusta, qué es lo que le agrada y qué es lo que intenta encontrar en esta vida.

Domingo Buesa Conde

Esas cartas, publicadas por el Doctor Canellas, que luego se complementaron con un estudio sobre el léxico de Goya, que me parece muy importante, que hizo el Profesor Frago, que hoy nos acompaña también, nos permiten recuperar esa figura y esa personalidad de Goya que es un hombre universal, pero que debemos de intentar abandonar esa visión de hombre universal y acercarnos a la de la persona.¿Por qué?, porque para nosotros, que somos aragoneses y que vivimos en Zaragoza, nos encontramos con una persona profundamente vinculada a Zaragoza, con una persona que vive 29 años de su vida en Zaragoza. Años en los que se educa, se forma en unos criterios y empieza a entender que el arte hay que cambiarlo y someterlo a una profunda revolución.

Aspecto parcial de la sala (II)

Por tanto, vamos a intentar recuperar a ese Paco Goya, como le llamaba la familia en confianza, y vamos a hablar de ese Paco Goya, vamos a ocuparnos de aquello que habitualmente no se ocupan los demás y otros compañeros y otros especialistas con estudios de arte muy importantes que nos aportan grandes conocimientos.

Dibujo de Fernando Palomino (1778)
Detalle de lugares relevantes

Les propongo abandonar esa imagen del gran Goya y buscar al Goya real, al Goya que anduvo por las calles de esta ciudad, y para eso hay que echar mano de algunos pensadores también, que hay que reconocerlos en estos momentos.

Hay un filósofo, de origen búlgaro, que vivió en Francia toda su vida, que se llama Todorov, que es el hombre que trabajó sobre Goya en este sentido. Tiene un libro magnífico que yo creo que había que obligarles a leer en todas las escuelas a los aragoneses. De alguna manera, él marca la figura de Goya. Goya es un hombre que sufrió mucho, que padeció mucho porque vivió en un mundo absolutamente instalado en las amarguras de un país que trata con violencia a todos sus habitantes.

Esta es una de las realidades más claras que Goya recibe y que luego él transmite en sus obras, y además en esa violencia de toda la sociedad con toda la sociedad, que se vive en aquel momento, hay una lucha, porque hay muchas gentes ancladas en el pasado y que no están dispuestas a avanzar hacia la modernidad.

Pero Todorov llega a definir un paso más allá y dice que hay dos Goyas, un Goya íntimo y un Goya público, y a mí me parece esto tremendamente importante, y esto es lo que quería empezar con ustedes.

Hay un Goya público, el pintor solícito, atento a los encargos de la Corte, con los que va a vivir, con los que va a mantener a su familia, con los que va a poder defender un estatus económico y que además es muy complaciente, es obediente a lo que quieren, atiende sus necesidades, sus gustos y sus deseos; y luego hay otro pintor, que no conoce nadie, que dibuja en cuadernos que guarda en su casa, que se los enseña a muy pocas personas. Es ese Goya íntimo, ese Goya del mundo privado del artista, que es donde deja la visión más real, y que él en una carta a su amigo Martín Zapater le dice “no lo enseñes mucho porque entonces sabrán tanto como nosotros”. Es un poco el espíritu que Goya mantiene en este capítulo que les estaba planteando.

Detalle plano de Zaragoza (I)

Bien, a mí me parece que lo primero que hay que hacer a la hora de plantearnos a Goya es plantearnos la imagen pública, es decir cómo se entendía Goya integrado en esta sociedad, qué entendía la sociedad de Goya, cómo se veían unos a otros, y verán ustedes que inmediatamente nosotros nos encontramos un Goya que está en la Corte, al que saludan los reyes y él está encantado de que lo saluden los reyes, aunque no le quieren dar título nobiliario. Pero en realidad cuando escribe en la intimidad de la noche, porque él siempre escribe por la noche en su casa, él dice, en esa dimensión íntima, familiar, que solamente van a ver sus amigos, se lamenta de que no está a gusto con esta forma de vivir, que no le gusta esta forma de vivir.

Tienen ustedes dos frases, de julio de 1788, en las que dice “quisiera complacer a todos hasta que se acuerden de mí, pero estoy deseando que no se acuerden para vivir con más tranquilidad y desempeñar aquellas obras de mi obligación”, y fíjense lo que llega a decir, “y el tiempo sobrante emplearlo en cosas de mi gusto que es de lo que carezco.

En diciembre de 1790 explica un poco por qué tiene que vivir esta situación , dice “puesto que se me ha puesto en la cabeza que debo mantener una determinada idea y guardar una cierta dignidad que el hombre debe poseer con lo cual, como debes creerme, no estoy muy contento”.

¿A qué renuncias se refiere el pintor?, el pintor se refiere a dos renuncias muy claras. En la España de los Borbones, ser pintor de cámara y la figura clave en la Corte del monarca, en cuanto al asesoramiento de su imagen, suponía el abandonar toda una serie de afectos, amistades, una serie de gustos que no estaban bien vistos por la Corte, más que por los reyes, y entre las cuales pueden ustedes situar por ejemplo el mundo de los toros, que no estaba bien visto en la Corte, o debemos situar, por ejemplo, los bailes populares y las canciones , que tampoco gustaban en la Corte, aunque a los reyes si. Allí había un problema realmente importante.

Esto le lleva a decir en algún momento “me parece que vivo en otro mundo, me parece que he nacido en otro mundo”.

Esto nos va a plantear esa visión de un Goya íntimo, personal, que es lo que yo quería que ustedes recuperaran conmigo esta tarde.

Goya, al final, con todo este problema, viviéndolo, va a separarse de la sociedad. Cuando empieza a cobrar fama de que es un hombre huraño, un hombre que se aísla, lo que realmente está ocurriendo es que Goya se va retirando de la vida pública progresivamente porque no le gusta, porque llega un momento en que no entiende qué hace él ahí, y que además no le gusta vivir de la manera en cómo le dicen que tiene que vivir, tanto la Corte como los ilustrados. Saben ustedes que también los ilustrados atacaban aspectos como la caza o los toros, algunos aspectos nucleares para la personalidad de Don Francisco de Goya.

En ese momento Goya vive en esta Zaragoza que tiene ustedes delante, en la vista abierta de la ciudad, de Fernando Palomino, estamos en 1768 y en esta Zaragoza, fundamentalmente, viven artesanos, comerciantes y agricultores. Los tres bloques están viviendo una época bonita, una época de expansión, se está construyendo el Pilar, lo cual genera mucho empleo y además hace que la Corte, los reyes, estén atentos, hace que llegue el dinero, lleguen los especialistas, lleguen las grandes figuras de la España de ese momento, de la construcción y del arte, y que se genere en la ciudad de Zaragoza una sensación de avanzar, una sensación de modernidad y una sensación de movilidad.

Pero a la vez que está ocurriendo eso, en este momento coincide también con una administración en Zaragoza absolutamente corrupta, totalmente corrupta, en manos de un Intendente y de un Gobernador que guardan el grano y no lo sacan a vender para que suban los precios y poder beneficiarse con ello. Esa sociedad que va a sufrir tal corrupción del poder político de la Zaragoza de ese momento, es la que acabará estallando, como todos ustedes saben, en el motín de los Broqueleros en 1766. En este drama personal, en este drama social que estamos viviendo en Zaragoza en este momento tienen ustedes que enmarcar la figura de Francisco de Goya.

Lo primero que hay que decir es que la formación intelectual de Goya existió, es lo primero que tendríamos que plantearnos a la hora de acercarnos al personaje y es una cuestión que yo tengo especial interés en aclarar porque saben ustedes que Ortega y Gasset menospreciaba a Goya, hablaba de que era un paleto, de que era un iletrado, de que era un inculto, de que no tenía ninguna formación. Es absolutamente falso todo este planteamiento que hizo Ortega y Gasset, y que luego, en algunos momentos, también siguió Unamuno. De ahí sale el cliché del bruto de Goya, del contestón, del malcarado, del mal hablado, del inculto, y se va a generar en la propia España una idea global y muy extendida por toda la sociedad de que Goya es una persona bastante intratable porque es algo así como un salvaje, pero con una gran capacidad de pintar y con un gran poder como pintor del rey.

Cuadro retrato de Martín Zapater (Goya)

Pero esto ocurre aquí, mientras que en el resto del mundo Goya es visto de otra manera. Les recordamos que Charles Iriarte, por ejemplo, dice que “debajo del pintor está el gran pensador que dejó huellas profundas”, y es muy chocante cómo fuera está siendo aclamado y dentro está siendo totalmente criticado y ninguneado.

Francisco de Goya es el cuarto hijo del matrimonio de José y Gracia, que viven en la calleja de Santa Fe, en la Plaza del Carbón, que se puede ver en el plano de 1712.

Tienen ahí la casa de Pedro de Goya, que era un abuelo paterno de Goya, y es allí donde viven y es donde inició Goya su vida en Zaragoza.

Goya no puede nacer aquí, entre otras cosas porque su madre decide que nazca en la casa familiar de Fuendetodos y porque, además, resulta que han pedido un préstamo a la Parroquia de San Gil para arreglar la casa y no tiene capacidad para devolver el préstamo y les quitan la casa.

En este proceso se encuentran que lo mejor, si van a tener un hijo, es que nazca en Fuendetodos, donde no hay ningún problema.
Cuando ya las cosas se resuelven, Goya vuelve al ámbito de los inicios en la Calle del Trenque, y todo este ámbito del Arco de San Roque y la Plazuela de la Mantería . Deciden llevarlo a estudiar a un colegio cercano, que lo han puesto en marcha los Escolapios Allí conoce a un Padre, que se llama Joaquín, que seguramente será Joaquín de Jesús María o Joaquín Ibáñez, que es el hombre que le enseña a Goya a leer, le enseña a escribir, los rudimentos de la aritmética y las bases de la doctrina cristiana, y le acerca al hecho del latín, porque Goya, en algunos momentos de su vida habla del latín también.

Luego además en esta presencia en los Escolapios Goya conoce a una figura fundamentalmente clave que es Martín Zapater, que es su gran amigo y que será el gran amigo que ya saben ustedes que ha generado una larga literatura sobre si habría una relación más allá de la amistad, o no. En verdad que las cartas son intensas, en contenido y en expresiones, pero no hacen pensar que hubiera nada más allá que esa amistad intensamente vivida en el mundo de la ilustración.

Dibujo “Aún aprendo” (Goya)

Martín Zapater entra en contacto con Goya y ya van a vivir los dos una vidas muy, muy conectada, van a ser personas que van a mantener una correspondencia extraordinaria, que van a tener una gran relación, hasta el punto que Martín Zapater, que triunfará y que será al final Regidor de la ciudad, será la persona que pagará los alquileres de la madre, del padre y de la hermana de Goya cuando Goya no puede llegar a pagarles los alquileres y será la persona que los alimentará en determinados momentos, es decir que había una relación muy intensa y muy íntima. Cuando está aprendiendo en la Escuela Pía, entra en conocimiento de un personaje muy importante, que es el jesuita José de Pignatelli, y este hombre, Conde de Fuentes, le dice a su madre que el chico lo mejor es que no siga aprendiendo cuestiones de aritmética sino que lo lleven a un taller para que aprenda a pintar y a dibujar, y entonces lo llevan al taller de José Luzán. Goya entra en el taller de José Luzán y, del mismo, su hijo Javier en 1831 escribe que su padre estudió dibujo desde los 13 años en la Academia de Zaragoza bajo la dirección de Don José Luzán y concluyó su carrera en Roma.

Goya, a partir de este momento, va a empezar a manejarse en el mundo del arte, va a ayudar a su padre, pero va a ser un hombre con una enorme inquietud por saber, por conocer y por aprender. Esta especie de pasión por aprender es la que le imbuyeron los Padres Escolapios y que va a marcar toda su vida, y que representa perfectamente el dibujo que ustedes conocen de una persona ya anciana proclamando el “aún aprendo”, que no es muy lejano, es de 1824-1828.

Detalle plano de Zaragoza (II)

En este punto, antes de seguir adelante, me van a permitir que haga un inciso sobre la Pepa. La Pepa es la mujer de Goya, es Josefa Bayeu, su esposa es de nacimiento zaragozana y es una mujer que ha estado siempre ahí junto a Goya, con la que mantuvo una relación complicada, pero que se nos aparece, se nos muestra en los textos como una mujer tremendamente culta. Goya, el 9 de agosto de 1780, le escribe a Martín Zapater una carta y le dice “la Pepa, que está aquí, me encarga que te diga que la cocina (están hablando de la cocina que le van a preparar en Zaragoza), es como la sepultura de las mujeres de la casa, que parece el paraje triste”.

Es una mujer que, como pueden ustedes ver, participa en esas corrientes del siglo XVIII que están ya por una mayor presencia de la mujer y abandonar ese reino, esa sepultura que decía Pepa Bayeu, que es la cocina para las mujeres.
Vista esta dimensión pública en Zaragoza, interesa también detectar que, en estos primeros años, Goya aprende lo que será su afición musical, aprende música. En 1788 está escribiendo una carta y de pronto la corta y dice “ adiós, que estoy oyendo cantar perfectamente y no lo quiero perder”.

Lo va a decir en muchas ocasiones cuando esté oyendo música. Piensen que es un hombre que va a ir a la ópera en Burdeos, en su última época.
Es un hombre que está al tanto de lo que se está publicando, es un hombre que conoce a Beethoven, del cual habla en alguna ocasión, y es un hombre además que toca la guitarra, y la tocaba francamente bien. Concretamente debió de aprender en Fuendetodos, con su abuelo Miguel, que parece ser era un hombre que se manejaba muy bien en esas lides, y aprendió con él a tocar la guitarra, fundamentalmente el tiple, que es el que tienen ustedes ahí, un instrumento de cuerdas cruzadas que es el que Goya guarda. A Burdeos se lo lleva incluso y cuando muere está en un arcón guardado todavía. Le ha acompañado toda su vida el tiple, con el que canta en la intimidad porque, claro, no es adecuado que en público el pintor del rey cante y por lo tanto lo hace solamente a nivel privado.

Aprende canciones populares en Fuendetodos, bailes propios de pueblo, divertimentos cotidianos y entra en contacto con el mundo de la música. Y este mundo de la música le va a venir muy bien para sobrevivir en Zaragoza, porque los Goya tenían muy mala economía, pasan muy malos momentos, hay incluso otros doradores que le dan trabajo a su padre para que puedan mantenerse toda la familia.
Goya descubre que hay un figón, una taberna, en la calle de los Colchoneros, hoy calle Dormer, la tienen ustedes marcada, tienen incluso la foto donde estaba, que por cierto hay un bar también en el mismo sitio.

Baile, de San Antonio de la Florida, a orillas del Manzanares (Goya)

Ahí estaba uno de los figones más famosos de la ciudad, que era el Figón de Mariquita, en la tercera casa entrando desde la calle Mayor con la calle de Colchoneros. En este bar, a Goya, esta mujer que tenía una gran afición por la pintura, decide que el que ella llamaba “el mozo pintor de Fuendetodos” le emborrone las paredes con esas figuras que hace, y las mesas. Goya se dedica durante muchos años de su juventud, por las noches, a pintar paredes de esta taberna zaragozana.

Pero además, no solamente pinta las paredes, a la gente que va a la taberna le pinta retratos y los cobra, con lo cual empieza a ganar dinero a través de este trabajo paralelo que desarrolla por las noches.
Además, en un momento determinado, Goya se da cuenta que lo que puede hacer también en la taberna es cantar, y entonces empieza a cantar seguidillas con un gran éxito entre el público del momento, y evidentemente luego pasa, literalmente, la gorra para sacar dinero y poder mantenerse.

Esta pasión por la música va a marcar mucho a Goya y luego además será curioso porque ya les digo que no la podía plantear de cara a su vida pública porque no es algo del gusto de los demás. En esta pasión de Goya por la música, en sus obras, hay que concluir este bloque con unas ciertas referencias a la jota aragonesa en la obra de Goya, porque las hay. Concretamente tienen ustedes aquí el Baile de San Antonio de la Florida, que pueden interpretarlo con los pasos, que los que sean joteros podrán identificar perfectamente. Pero no solamente es este cuadro, piensen ustedes por ejemplo el Baile de Máscaras, que tenemos en el Museo Goya de Zaragoza, en donde verán ustedes que la figura principal es una figura que está marcando esa dificultad del paso de jota y que además ha dibujado sin titubear Francisco de Goya. Pero hay más todavía, piensen ustedes en estas dos Viejas Comadre bailando con Crótalos, que es una obra de 1825, del segundo álbum de Burdeos, un álbum muy poco conocido y muy interesante. Pues ahí tiene a dos viejas bailando la jota con toda claridad, igual que el Fantasma con Castañuelas, que está en la misma línea, estamos en el mismo álbum, y que también parece que hace un juego intentando bailar. El fantasma no se mueve bien, pero vean ustedes la habilidad de las dos viejas comadres bailando con crótalos aquí.
Además, sabemos también que a Goya le gustaban esas jotas de picadillo que además, en la lista, uno de los especialistas del momento era Francisco Bayeu, su cuñado, un gran pintor, que además cuando cantaba jotas sabemos que se preparaba a medio vestir, es decir que se quitaba camisa y todo. Era un hombre que cuando cantaba jotas estaba prácticamente, como dice Goya en algún momento, a medio vestir.

Cuadro Baile de Máscaras (Goya)

Lo cual debe ser alguna cuestión de familia porque Goya, en una carta de 1773 le dice a Martín Zapater, (están de veraneo en la finca de la Infanta Teresa de Ballabriga y Don Luis de Borbón, en su palacio de verano) “mientras te estoy escribiendo esta carta, la Josefa está a medio vestir y escuchando una tirana. Es decir, que debe ser un rasgo familiar esto de dedicarse a las jotas de picadillo quitándose la ropa por medio.

Dibujo Viejas comadres bailando (Goya)

Hay otra faceta de Goya que también interesa recuperar, que es la faceta de la afición taurina. Leandro Fernández de Moratín, su gran amigo, excepcional amigo, en Burdeos al final de su vida dice: “Goya dice que ha toreado en su tiempo y que con la espada en la mano a nadie teme”. Goya tiene una larga relación, incluso con Pedro Romero, que tienen ustedes ahí el retrato que le hizo. Pero además es muy interesante que entremos en este aspecto de la afición taurina porque ahora hay una crítica que opina que Goya es anti taurino, que Goya lo único que hacía era plantear la historia de los toros en el siglo XVIII. Evidentemente en este país es bueno que cada uno diga lo que quiera, pero el decirlo no quiere decir que sea aceptado, y decir que Goya no tiene afición taurina es no saber quien es Goya, ni siquiera donde ha nacido ni en que ciudad ha vivido, porque como todo el entorno de Goya, Goya es un gran taurino. Goya, cuando invita a Zapater a Madrid le dice “vente a ver cuatro fiestas de toros y comedias y te ríes muy bien de todo”.

Fantasma con castañuelas (Goya)

Un año después le dice “bueno, no te puedo seguir escribiendo porque me voy a los toros”. Es decir que hay una relación muy directa de Goya con el mundo de los toros. El mundo romántico francés sí que lo entendió fácilmente y planteó esa relación de Goya con el mundo de los toros, pero no olviden ustedes que para gustos los colores y para algunos Goya es un anti taurino.

Pero la gente de su época lo conocía como Francisco el de los toros y cuando entraba en la plaza, en Madrid, él se refiere siempre solamente a tres plazas, Madrid, Valladolid y Zaragoza, las demás no le interesan, le cantaban aquello de Francisco el de los toros, a Goya, que le encantaba porque le gustaban mucho.

La conferencia se prolongó mucho más allá, llena de interés, pero hemos de poner aquí fin a nuestra crónica y desde estas sencillas líneas, de los Reales Tercios de España, lo hacemos felicitando a Domingo Buesa Conde por su magnífica exposición.

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