Conferencias

CONFERENCIA “LAS CARGAS EN LAS GUERRAS CARLISTAS”

El Comandante Militar de Zaragoza y Teruel presidió el acto

El pasado día 5 de octubre de 2021, tuvimos el honor de ser invitados, por el Teniente General Jefe de la Fuerza Terrestre, y en su nombre por el Coronel Jefe del Regimiento España Nº 11, a la 5ª y penúltima de las conferencias del Ciclo “LA CARGA”, organizadas con ocasión de la conmemoración del Centenario de la Campaña de Melilla y los 100 años de la Gesta de Alcántara.

Con el título “Las Cargas en las Guerras Carlistas” tuvo lugar la conferencia en el Palacio de la antigua Capitanía General de Aragón, a partir de las 19.00 horas, siendo su ponente el conocido historiador Carlos Canales Torres, a quien hemos tenido el placer de escuchar en otras ocasiones. Presidió el acto el Comandante Militar de Zaragoza y Teruel, y Director de la Academia General Militar, GB ET Excmo. Sr. D. Manuel Pérez López, al que acompañaban en la mesa presidencial, el Coronel Jefe del Regimiento España 11, Ilmo. Sr. D. Carlos Manuel Mendoza Pérez y el propio ponente.
Asistieron igualmente, el Coronel Jefe del Órgano de Apoyo al COMIL, Ilmo. Sr. D. Fernando Ruiz Idiago, y representaciones de la Asociación Cultural Los Sitios de Zaragoza, y de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, representada esta última por su Teniente de Hermano Mayor, Excmo. Sr. D. Luis Navarro y Elola.

Los Reales Tercios de España, fundados en 1942 por S.A.R. Don Juan de Borbón y Battenberg, estuvieron representados por D. Manuel Grao Rivas, Jefe de RR.PP. e Institucionales del Tercio Norte-Aragón, y por D. Pedro Martínez Delgado, Jefe del Área de Cultura.

Abrió la sesión el COMIL de Zaragoza y Teruel quien presentó el acto con brevedad y cedió la palabra rápidamente al Coronel Mendoza para que hiciera la presentación del ponente. Antes de hacerlo, Mendoza, citó al Subteniente Jesús García Campo como verdadero artífice de este ciclo de conferencias, e hizo una referencia a la Batalla de Ceste, por la cual el Regimiento España consiguió una Laureada, resaltando el destacado uso en ella de una de las armas propias de la caballería como es la lanza, recordando además que el España 11 es un Regimiento de Lanceros, del cual Carlos Canales Torres es Lancero de Honor.

Acerca de Carlos Canales, el Coronel Mendoza dijo lo siguiente:
Es Licenciado en Derecho, escritor, diseñador gráfico, ilustrador e informático especialista en Lurismática (gestión automatizada de despachos profesionales). Es Máster en Gestión Informática de Empresas. Fue Secretario General del Boletín Oficial del Estado entre 1993 y 1998, y profesor en el Máster en Informática y Derecho de la Universidad Complutense de Madrid entre 1996 y 2006. Ha recibido el IX Premio Algaba, de Biografía, que consiguió con el libro Naves Mancas, junto a Miguel del Rey. Pero su afición, su labor de historiador, la vemos sobre todo a través de sus estudios sobre las tradiciones y el folclore, y la divulgación de la historia militar española.

A continuación, tomó la palabra Carlos Canales para explicarnos, en principio, que las guerras carlistas son guerras complejas, difíciles, complicadas de entender y de seguir. Son guerras de montaña, en terrenos complejos, de difícil orografía, en las que se enfrentaba un ejército español frente a otro ejército, español también, pero que emergía específicamente para enfrentarse al primero.

Carlos Canales Torres

Como en todas las guerras civiles, se enfrentaban familias, se enfrentaban amigos, vecinos, conocidos. Eran formas completamente distintas de percibir el futuro y el presente de su país y, posiblemente, nadie tenía razón. Eran gentes que defendían lo que creían que era justo, en un entorno muy difícil y muy diferente al nuestro, en un país completamente distinto al que hoy tenemos. Un país que venía de algo que, quizás, fue el mayor desastre de nuestra historia, como es la invasión napoleónica y los desastres que causaron los siete años de guerra y la destrucción completa de toda la labor de reconstrucción del siglo XVIII español, que fue demolida entre los años 1808 y 1814. Se perdieron toda la infraestructura de las ciudades, carreteras, caminos, puentes, minerales, agricultura.

España tuvo unos 500.000 muertos en un país de 12 millones. El perder medio millón de personas y toda la obra de ilustración, la destrucción completa de ciudades como Badajoz, San Sebastián, Zaragoza o Gerona significó que, lo que España se encuentra en 1815-16, por encima del conflicto en toda la provincia americana desde el Río Grande hasta la Patagonia, es de una destrucción, de un desastre inconmensurable. Pero lo grave es que el país se había quedado partido, para siempre, en dos. Queda dividido en dos bandos que nacen precisamente durante la guerra y que se van todos a odiar durante los años siguientes.
Es cierto que no se puede hablar de una manera muy clara de guerra civil durante el período que va de 1815 a 1833, pero los conflictos y la división son constantes. Tanto el golpe de Riego, que da lugar a los tres años del Trienio Liberal, como el contragolpe que produce la invasión francesa de los 100.000 Hijos de San Luis, en 1823-24, lo que están haciendo es avanzar lo que iba a ser el siglo XIX español. El siglo en el que, realmente, España sí se separa del núcleo principal de países avanzados. Cuando alguien dice que España era un país muy pobre, hay que pensar que España no era peor que Escandinavia, no era peor que los Balcanes, que eran un horror, no era peor que el este de Europa. Estaba, más o menos, al nivel de los estados italianos, no estaba muy detrás de Francia, y si estaba algo detrás de Inglaterra, tampoco lo era en exceso.

La España de 1808 era un país homologable con cualquier país de Europa Occidental, que encima había llevado adelante tres de las expediciones científicas más importantes del mundo, las de Balmis, Ulloa y Jorge Juan, más la de Malaspina. Era una nación puntera en astronomía, ingeniería náutica e ingeniería civil aplicada. No era, sinceramente, para la época un mal país. Sin embargo, en 1815, todo eso estaba en ruina.

Lo que hubiera sido el camino normal de recuperación no se produjo, precisamente, por lo que ocurrió en 1833. La guerra conocida actualmente como Primera Guerra Carlista es probablemente la guerra civil española más esperada. Todo el mundo sabía que íbamos a acabar en guerra. Lo sabía la iglesia entera, lo sabían los políticos, lo sabía la monarquía, y lo sabía el ejército. El ejército se va preparando para la Guerra Carlista porque sabe perfectamente que los partidarios de Carlos María Isidro y los voluntarios realistas, y los partidarios del viejo régimen no iban a aceptar fácilmente ni el nuevo estado de cosas que querían imponer los del entorno liberal que rodeaba al monarca en los últimos meses, ni el interés del pensamiento liberal de parte del ejército, ni por supuesto iban a aceptar una reina.

En el centro Diego de León y el General Cabrera

Debido a esto, estaba cantado que en 1833 el país iba a un conflicto. Lo que era difícil de prever era el calado que iba a tener, cual iba a ser la dimensión del conflicto. En este sentido hay dos elementos fundamentales. Los mandos enfrentados eran gente que se conocía, eran básicamente militares que eran compañeros y en muchas ocasiones incluso amigos. Era gente que se enfrentaba, evidentemente, por cuestiones ideológicas pero también por algo más, por el lugar en el que están, por las cuestiones que cualquiera pueda tener en una guerra civil, que van desde elementos familiares, hasta elementos de lealtad, derechos reconocidos, y cuestiones muy difíciles de establecer por una regla general pero que hace que en la mayor parte de los casos se tratara de militares profesionales que eligieron uno u otro bando por múltiples razones, con una notable excepción, el General Cabrera, luego Conde de Morella. Ni era militar ni lo pretendía, de Hecho ni siquiera quiso serlo. Él hacía todo lo posible para que, incluso en su indumentaria, en sus elementos, hubiera cuestiones que él rechazaba de lo que era el ejército formal profesional, justo todo lo contrario a Diego de León, el ejemplo perfecto del jinete del siglo XIX, y de la caballería por esencia. Son los elementos perfectos para contraponer lo que va a ocurrir a partir de ese momento.

Luego, el ponente, Carlos Canales, dijo lo siguiente: Para mí en la guerra, y esto lo sostengo en mis libros, solo hay un ejército español.

El EJÉRCITO LIBERAL ESPAÑOL

Los historiadores españoles no están de acuerdo conmigo, dicen que hay dos. No, no, hay uno. El ejército español es el liberal, el que sigue al Gobierno, porque en la Primera Guerra Carlista, como en la tercera, ocurre lo mismo que, por ejemplo, en la Guerra Civil Americana, y justo lo contrario de lo que ocurre en la guerra de 1936-1939, y es que en 1833 ni una sola Unidad Militar se une a los carlistas, no hay ninguna, que es lo que pasa en la Guerra Civil Americana, ni una sola Unidad Militar se une a los Confederados, todas siguen fieles a la Unión. Pues exactamente igual ocurre en España, por eso para mi solo hay un ejército español. Otra cosa es que el ejército que surge para enfrentarse a este ejército español sea también de españoles, y con los mismos derechos, no niego ahí nada, son exactamente igual de españoles, pero no es el ejército español.

El ejército español no se parte en dos, como en el 36, el ejército español se queda intacto, al servicio de la Corona, no se rompe. Lo que sí se rompe es su estructura de mando, completamente. Es decir los núcleos que van a formar el nuevo ejército que nace a partir de 1833-34-35, porque es un proceso muy lento, está formado por militares profesionales. Al fin y al cabo, Zumalacárregui no era otra cosa, pero tampoco lo eran ninguno de los generales que le rodeaban, desde Maroto al que Uds. quieran.

Eran militares profesionales que se pasan al bando de Don Carlos y que, a partir de la nada, crean un ejército. Cuando muere Fernando VII había dos grandes fuerzas pseudomilitares; la Milicia Nacional que era el gran apoyo que va a tener el Gobierno Liberal, y los Voluntarios Realistas que van a ser el gran apoyo humano que van a formar el ejército de Don Carlos, el de los Realistas. Ambas tenían una formación militar muy escasa, muy básica, yo diría que muy pobre. Sin embargo, en líneas generales, el ejército español y la Caballería, de la que voy a hablar, para mi, en las Guerras Carlistas se comporta muchísimo mejor que en la Guerra de la Independencia.

En las Guerras Carlistas, la Caballería en concreto combate excelentemente bien, lo hace muy bien para los medios que cuentan, con una doctrina muy moderna y adaptándose muy bien a las decisiones cambiantes de un tipo de guerra totalmente diferente.

Granaderos de la Guardia Real

La famosa frase de Napoleón de que “ningún plan sobrevive a la batalla” es cierto. Y ningún plan sobrevivió a lo que ocurrió a partir de 1833 porque nadie se lo imaginaba. Ni los Liberales, ósea el ejército del Gobierno, ni el ejército que nace para apoyar el bando de Don Carlos, que tiene que nacer de la nada, improvisar una caballería que no tiene, sobre un ejército que tampoco existe y que va a vivir los primeros años como un ejército paralelo. Primera cuestión; básicamente el ejército español estaba compuesto en 1833 por una herencia que venía de las dos décadas anteriores. Había Unidades de Caballería y la Guardia Real, que era enorme en el período final de Fernando VII, por búsqueda de una especie de Unidad de grupos que les fueran claramente adictos a él y a los que van a ser su sucesión, la reina regente y la niña Isabel.

Él intenta crear una Guardia Real hiperpoderosa, que es inmensa, increíblemente bien equipada, que absorbía gran parte del presupuesto del ejército, que era gran parte del presupuesto de la nación. Esta Unidad de Caballería, formada por Cazadores, Coraceros y Caballería de Línea, con un solo Regimiento de Lanceros, era una fuerza en general muy bien equipada, bastante bien mandada y muy bien preparada, en la que se había hecho un esfuerzo enorme, a finales de los años 20 y los primeros años de los 30, para mejorar de nuevo la cría caballar, que había sido muy buena en el siglo anterior, se había ido perdiendo a lo largo del siglo XVIII, y se había ido completamente al traste durante la Guerra de la Independencia.

Las guerras americanas no habían afectado demasiado porque básicamente desde España no se pudo mandar prácticamente nada al otro lado del mundo. Pero es cierto que en 1833 la Guardia Real formaba un núcleo adicto completamente a la monarquía, que era lo suficientemente sólido y fuerte como para poder generar un volumen de fuerza lo suficientemente poderoso para que, lo que era el resto del ejército se amalgamara en torno a un núcleo realmente, poderoso y bien equipado. La Caballería de Línea estaba formada, básicamente, en 1833 por Regimientos que combatían conforme a lo que se consideraba esencial en la Caballería “Pesada”. Aparte de la Caballería de Línea había Caballería Ligera, vamos a llamarles Cazadores. Estaba formada por Regimientos que también combatía según los criterios tácticos de las guerras napoleónicas y guerras anteriores.

Pero a partir de 1835 son también Lanceros. Había finalmente una pequeña Unidad de Húsares. La historia de los Húsares de la Princesa, que tienen un protagonismo espectacular en la guerra, donde ganaron 3 Laureadas de San Fernando, no deja de ser curiosa porque es un Regimiento que nace como un ejército de escolta para cuidar a la niña María Isabel Luisa, la futura Isabel II, y el color que se elige es una cuestión que llamaríamos más propia de una revista. El color lo elige la Reina Cristina, y elige un color que le gusta, conocido también como “azul Cristina”. Y este primer Regimiento, que parecía un Regimiento de escolta, más o menos, formado para hacer bonitas maniobras enfrente del Palacio Real, se convirtió en una verdadera máquina de guerra a la perfección. Al final todos acabaron siendo Lanceros y este es un detalle enormemente interesante de lo que es el papel de la Caballería en la Primera Guerra Carlista.

Ejército Liberal: Caballería Ligera

Por supuesto el Ejército Liberal contó también con Milicias Urbanas que en parte estaban montadas, (vimos en imágenes las Milicias Urbanas de Madrid y Zaragoza, y los Cuerpos Francos). Básicamente eran contraguerrillas que combatían contra los carlistas con sus mismos sistemas y sus mismas armas.

Ejército Liberal: Húsares

Los ejércitos carlistas eran, básicamente, tres. Nacen en épocas distintas y de una manera totalmente diferente. Por un lado, la Guerra Carlista fue básicamente un conflicto guerrillero. La Primera Guerra Carlista es el conflicto guerrillero más grande de la historia de España, muy por encima de la Guerra de la Independencia, pero muy, muy por encima, es un conflicto guerrillero generalizado. Cuando se habla, principalmente, de tres grandes focos, (País Vasco, Navarra, Cataluña, Valencia, Aragón), se olvida que hubo partidas carlistas en todo el país, en todo el territorio, porque hacían algo muy importante, que era obligar a fijar una parte del Ejército Liberal en todo el territorio para cubrir zonas que, si no, hubieran podido permitir crear fuerzas de maniobra mucho más fuertes para atacar recursos principales del carlismo. Los carlistas sí acabaron combatiendo como un ejército regular.

Pero la Guerra Carlista fue principalmente una guerra guerrillera y esto nunca se debe olvidar porque, habitualmente, hay una tendencia a pensar que no es así, pero era así. Era una guerra guerrillera con lo cual la caballería tenía un papel de movilidad y movimiento, pero no podemos hablar de cargas, no nos imaginamos a las partidas carlistas cargando contra la Infantería Liberal o contra otra caballería. Sin embargo eran molestas y hacían el mismo papel que hicieron contra el ejército francés en la Guerra de la Independencia.

La Caballería Carlista del Norte, nace de la necesidad. En 1833 no había caballos entre los carlistas cuando comienza la insurrección.

Los Ejércitos Carlistas

Eran pequeñas partidas guerrilleras que vivían como si fueran parásitos de lo que capturaban al ejército liberal. Hay toda una leyenda de ¿por qué se adopta la lanza?. La lanza, cualquiera que sea aficionado a la caballería sabe, es un arma de difícil manejo, es compleja, exige una cierta formación, es lo que el sable precisa y las armas de fuego también, pero la lanza es especialmente complicada.
Sin embargo sabemos que los jefes que rodean a Zumalacárregui, porque esto nace en el Tercio Norte, rápidamente adoptan la lanza como elemento de combate, seguramente porque querían una mejor arma. En sus memorias, el capitán escocés Charles F. Henningsen, que combatió durante doce meses junto a Zumalacárregui, y llegó a Coronel, habla muy bien del ambiente de formación de la Caballería Carlista, con los caballos que van capturando y como son militares profesionales que se pasan al bando de Don Carlos. Específicamente hubo un Grupo entero de la Guardia Real que se pasó, entre ellos varios Guardias de Corps, los hermanos O´Donnell, por ejemplo, que forman el primer núcleo importante de la caballería y van haciendo la labor de formación, de poder empezar a organizar a gente que no tenía experiencia de combate, en lo que va a ser luego un ejército regular bastante sólido.

En Aragón el caso era aún más grave. Aunque se intentaba hacer lo mismo, la situación de historia es más complicada porque, después de la destrucción del intento del Barón de Hervés, que es el primer movimiento carlista en la zona aragonesa, en lo que va ser luego su reducto principal en el Maestrazgo, los medios eran menores, los caballos eran más escasos y la formación del personal era aún peor. Allí era una guerra guerrillera por esencia. Incluso cuando el Ejército de Aragón se convierte, más o menos, en un “ejército organizado”, nunca dejaron de ser básicamente un grupo de unidades guerrilleras que hacían un tipo de guerra de golpe de mano, de emboscada o de sorpresa. Era difícil que intentaran enfrentarse con un ejército organizado por la sencilla razón de que no podían, aunque lo acabaron haciendo a partir de 1837-38, pero con dificultades enormes.

Los Carlistas, en algunos casos, organizaron Unidades muy brillantes, como la Caballería Castellana, que eran por supuesto Lanceros, pero en realidad siempre llevaron a cabo acciones de tipo guerrillero. El caso de los Húsares de Notoria es especialmente interesante porque, siendo lo mejor que tenía la Caballería Carlista de entonces, eran burgaleses principalmente, habían nacido en torno a Balmaseda, antiguo Jefe de la Milicia, pero se niegan a aceptar el Convenio de Vergara porque consideran que vascos y navarros han traicionado al Gobierno Carlista, y se unen a Cabrera en Aragón.

Combatieron hasta el final, hasta 1840, una cosa absolutamente asombrosa, pero es una demostración perfecta de por qué los carlistas no podían ganar la guerra. El Ejército del Norte, de Zumalacárregui, a pesar de la competencia increíble de sus mandos intermedios, y el propio Zumalacárregui, luego un general formidable, nunca pudo ganar la guerra porque no podían llegar a las llanuras.

No es por la toma de Bilbao, el tomar Bilbao era simplemente por tener un cuarto significativo que le permitiera obtener mejor armamento, pero realmente ellos tenían que haber intentado atacar las llanuras, y no podían precisamente porque carecían de caballería.

El hecho de que el Jefe de Zumalacárregui jamás pudiera llevar la guerra al interior de Castilla, o acercarse a la vista de la expedición real, fue una demostración de que la guerra la tenían perdida desde el principio. Sí que pudo ganar la guerra Cabrera, por lo menos tuvo una pequeña oportunidad, porque Cabrera sí que estuvo a punto de poder rivalizar en la zona de la meseta con el Ejército Liberal.

Cuerpos Francos

Aún así, su debilidad en caballería le hacía siempre depender de unas pequeñas Unidades que no eran lo suficientemente fuertes y no tenían la suficiente reserva logística, pues la caballería es cara de mover y llevar, como de hombres suficientes para poder suplir a los que se perdían. De manera que eran fuertes en los núcleos de montaña del Maestrazgo, como le pasaba a Zumalacárregui y sus sucesores en el núcleo central, donde aguantaban el País Vasco y Navarra, pero no podían llevar la guerra a las zonas decisivas, de las grandes ciudades no cayó ninguna en sus manos, y tampoco a las grandes llanuras donde no podían enfrentarse con la enorme superioridad de la Caballería de Línea.

En 1833 la táctica, en líneas generales, seguía la doctrina clásica de las guerras napoleónicas. La Caballería de Línea, que era el núcleo principal, vamos a llamarla también Caballería Pesada, se supone que elegía sus caballos por su alzada y estaba formada por hombres que cargaban bota con bota, pegados, juntos, formando líneas cerradas que, se supone, tenían que aplastar cualquier resistencia enemiga al choque. Por supuesto las cargas se hacían en realidad, como todo el mundo sabe, al paso, al trote ligero y solamente se cargaba a línea batida los últimos 100 o 150 metros, para no romper la formación.

En las Guerras Napoleónicas, la Caballería de Línea central, en los países principales como era Francia, eran básicamente Coraceros. Caballería Pesada con caballos pesados, Coraceros o Carabineros, gente que te apoyaba con curra de hiero cuando se lanzaba contra la infantería, en batallas como Eylau, donde los coraceros, con su carga famosa, tuvieron éxito y se suponía que era el núcleo principal de cualquier país. Era la caballería que rompía en las batallas con una carga cerrada.

Los Dragones, que para 1815, en toda Europa eran parte ya de la caballería, habían nacido como infantería montada. La lenta evolución de los Dragones como arma separada de la caballería se había acabado realmente y, aunque en 1833 España no tenía Regimientos de Dragones, la táctica europea que diferenciaba los Dragones de la caballería es que los Dragones, realmente, tenían que ser aptos para combatir como infantería. De hecho sus fusiles eran más largos que las tercerolas de la caballería y se parecían mucho a los fusiles de la infantería.

Como dijo Esteratioli, finalmente solo los Húsares y los Cazadores. La Caballería de Línea. La idea era básicamente la misma.

La obligación de los Cazadores, en teoría, era cazar a la caballería, a los exploradores de la caballería contraria e impedir que pudieran reconocer las líneas propias u obtener información sobre el ejército a combatir. En cambio los Húsares hacían justo lo contrario, eran como una guerrilla montada, eran Unidades especialmente creadas para el golpe de mano, la emboscada o la exploración avanzada; para obtener información; capturar prisioneros y localizar las posiciones del enemigo.

Cuerpos Francos

Toda esta teoría se había venido abajo realmente a partir de 1815 porque los países habían ido equilibrando las monturas y las tácticas, de manera que en la práctica la caballería era prácticamente igual. En 1833 la única diferencia que había era el nombre, con lo cual había Institutos que los denominaban Húsares de Caballería Ligera, Cazadores y Caballería de Línea, pero en la práctica combatían, más o menos, de la misma manera y actuaban prácticamente de la misma forma. Eso significaba que tenían que estar dispuestos para poder romper una línea enemiga en una carga y para hacer las funciones tradicionales de la caballería, la exploración, la avanzada, etc. Sin embargo, es verdad que todo lo que había sido la organización original de los Institutos en el siglo anterior, el XVIII, se había ido perdiendo por razones puramente prácticas.

Claro, la cuestión era ¿a qué se enfrentaban? .Básicamente la infantería era el enemigo de la caballería y, por las armas de la época, la infantería tenía que combatir junta. El Orden Abierto era algo muy raro, que se utilizaba solamente en avanzadas o por Unidades de Cazadores. ¿Por qué la infantería se juntaba?, porque cuando tienes disparos de alguien con armas de ánima lisa, por la dispersión de los disparos y la falta de precisión, hace que la necesidad sea concentrar los disparos, con lo cual el sitio más eficaz era el conjunto de líneas que combatían juntas y que te permitían concentrar un núcleo enorme de disparos en un frente poco amplio. Eso significaba un adiestramiento muy sofisticado que hacía la infantería que debía manejarse en líneas, que disparaba de manera secuencial, que actuaban de manera conjunta y utilizaban las bayonetas solamente para las cargas finales.

Pero en general, es posible que en las guerras napoleónicas no hubiera ningún combate a la bayoneta. Ninguno de los dos bandos se desmorona antes del choque, porque es muy difícil aguantar la presión emocional del combate con arma blanca, muy estudiado y trabajado por especialistas en psicología de guerra, porque ahora se sabe perfectamente como era la academia. En las guerras napoleónicas hubo un combate entre caballería francesa e inglesa que se cruzaron sin tocarse, del miedo que se tenían. El acabar un combate a sablazo limpio o a disparos no es tan sencillo como se ve en las películas. Eso significaba que una línea de infantería, cuando era cargada por jinetes, atacar una barrera de soldados de infantería que llevan bayonetas de dos palmos, con rifles de 1.70 metros, no era fácil. Por muy bien que estuvieran entrenados los jinetes y sus caballos, el atacar una línea de infantería era ya difícil, pero si la línea formaba un cuadro, era prácticamente impenetrable.

Había toda una teoría sobre si un cuadro era penetrable, cómo se podía romper un cuadro, si se podía hacer o no se podía, pero en líneas generales no se podía abrir.

Es verdad que aquí en España, en la Batalla de García Hernández, un cuadro francés se hunde, pero es porque un caballo herido cae encima de los infantes, en una esquina del cuadro, creando un hueco equivalente al de ocho infantes, que pudieron aprovechar. En todos los casos en los que un cuadro se rompía era, o por excesiva debilidad del cuadro (se habían quedado sin municiones, solo quedaban las bayonetas y los fusiles), o por demasiados heridos, con poca firmeza de contenido, o porque el que atacaba podía concentrar la fuerza de la caballería en un punto muy concreto, de manera que el cuadro podía llegar a hundirse. Pero hundir un cuadro de infantería, en condiciones normales, era muy difícil. Eso significaba que la ventaja principal que tenía la caballería liberal en la guerra, era remitir las cargas contra un enemigo que no tenía la capacidad ni el adiestramiento de formar en línea o en cuadro con la misma habilidad que tenían, por ejemplo, los Lanceros o la Guardia Real, con la posibilidad de cogerlos en un renuncio, en un momento en el que la falta de experiencia de esos soldados, no de los mandos que eran bastante buenos, y les permitiera atacar ese cuadro o esa línea, de una forma u otra, o decidir el combate con una carga de sistema tradicional.

Mostró en imágenes, Carlos Canales, algunos ejemplos típicos de cargas de las Guerras Carlistas para compararlos con lo que había sido una carga tradicional de, por ejemplo, las Guerras Napoleónicas. También vimos las imágenes de dos cuadros de Augusto Ferrer Dalmau. Uno de ellos muestra una secuencia difícil, como es un jinete carlista combatiendo con un Coracero. El Coracero le habría hecho pedazos en segundos. En uno contra uno depende de la habilidad, de la suerte, y de otros muchos factores, pero en condiciones normales las posibilidades de morir del jinete carlista eran de nueve a una.

Magnífico cuadro de Augusto Ferrer Dalmau

La segunda carga es bastante real. Uno de los grandes problemas de los Coraceros de la Caballería Pesada era que una carga suya era muy difícil de contrarrestar por parte de un equivalente de caballería. En Waterloo es famosa la contra carga de los Lanceros de la Guardia contra los Scots Greys, los Caballeros Pesados ingleses, a los que destrozan porque los cogen en retirada, por un lateral y los hacen polvo porque los dragones solamente llevaban sus espadas rectas y los lanceros simplemente los tenían que rematar, con la ventaja de la lanza, de mayor distancia. De hecho, en Waterloo, los lanceros no atacan a los jinetes, atacan a los caballos. Lo que hicieron fue desmontarlos, porque en el suelo los dragones contra la infantería estaban muertos.

Hasta aquí, queridos lectores que nos siguen, llega el relato de nuestra crónica que alcanza algo así como la mitad de lo que fue la magnífica conferencia “Las Cargas en las Guerras Carlistas”.

Muchas e interesantes cosas más nos contó su ponente Carlos Canales Torres, con su fácil verbo y con un verdadero torrente de información que nos cautivó desde un principio.

Pero hemos de poner aquí fin a este trabajo informativo y lo hacemos felicitando al Regimiento de Caballería España, en la persona de su Coronel Jefe, Ilmo. Sr. D. Carlos Manuel Mendoza y en especial al Stte. D. Jesús García Campo, por su acertada idea de organizar el estupendo Ciclo de Conferencias dedicado a LA CARGA, a la vez que les expresamos nuestro agradecimiento por haber sido invitados a ellas.

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