Reuniones

JORNADA SOBRE TERRORISMO ORGANIZADA POR LA FUNDACIÓN MANUEL GIMÉNEZ ABAD

Una vez más hemos tenido el honor de ser invitados, por la prestigiosa, querida y respetada Fundación Manuel Giménez Abad, a las conferencias de la Jornada sobre Terrorismo que anualmente organiza en la capital aragonesa.

En esta ocasión tuvo lugar el pasado día 18 de noviembre de 2020 aunque, debido a las restricciones sanitarias de todos conocidas, las distintas ponencias se llevaron a cabo por medios telemáticos, emitidas desde el Palacio de la Aljafería, sede de las Cortes de Aragón, por el sistema de videoconferencia.

La jornada fue coorganizada con el Instituto Español de Estudios Estratégicos y contó con la colaboración y patrocinio de: Gobierno de España, Gobierno de Aragón, Fundación Ibercaja, y Fundación Víctimas del Terrorismo. Como Coordinador actuó el Dr. Federico Aznar Fernández-Montesinos, Capitán de Fragata de la Armada y Analista Principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos.

Inauguró la sesión el Presidente de las Cortes de Aragón, Excmo. Sr. D. Javier Sada Beltrán, con palabras de bienvenida, aunque de forma virtual, a la Aljafería, la casa de la palabra, el mejor sitio para estas jornadas que vienen siendo ya históricas, un gran edificio con más de mil años de historia, fundamental tanto para la historia de Aragón como para la historia de España.

Presidente de las Cortes de Aragón

Luego dijo lo siguiente: estamos viviendo unos tiempos extraños. El título de la jornada es El terrorismo en la era de la posmodernidad, que hoy debería ser sinónimo, incluso un eufemismo de la incertidumbre que la pandemia nos está generando y que inunda todas nuestras vidas tanto personales, como profesionales, como también en el terreno político o de las prioridades.

Pero el terrorismo no solamente no se esconde o no para en estos momentos de incertidumbre sino que es un factor de aprovechar, el terrorismo se mueve mejor en la incertidumbre, en el miedo colectivo que genera esta incertidumbre y por lo tanto, así lo estamos viendo por desgracia, es una época a tener mucho más cuidado en este sentido.
De cómo hacer frente al terrorismo y a sus distintas variantes, creo que se ha avanzado mucho, en la coordinación europea, en la preparación de los servicios,  tanto de los servicios secretos como fuerzas de orden público, y sobre todo en prever, en adelantarse a los atentados terroristas.
Pero quiero hacer un par de reflexiones desde la parte más política. La primera es que empiezo a ver con preocupación el incremento de los populismos en Europa y en todo el mundo, como simplificación de buscar una causa facilona en el terrorismo, la causa que puede llevar, además, a problemas contra las religiones o batalla de religiones, o simplemente problemas de xenofobia o a buscar una causa en los problemas sociales. El terrorismo siempre intenta captar en esos entornos, pedro desde luego nunca son la causa dichos entornos. Otra reflexión es que los Estados ,cada vez, están más preparados para hacer frente al terrorismo, especialmente en el caso de España por la historia desgraciada que hemos tenido desde hace muchísimos años.
Al terrorismo se puede hacer frente, puede incluso terminar, pero hay algo consustancial con el terrorismo que jamás acaba y, ahí, quería yo hacer la segunda reflexión, que son las víctimas. Las víctimas son siempre víctimas.

Desde el momento del atentado hasta el resto de sus vidas, son víctimas, directas o indirectas.
Desde luego es fundamental, en esta lucha contra el terrorismo, que no acabe cuando se acaba un determinado problema de terrorismo sino que las víctimas tengan continua y completa atención, sobre todo memoria. Yo hablo en nombre de la Fundación Manuel Giménez Abad y cada vez nos encontramos gente que no sabe quién fue Giménez Abad o que no sabe quién fue cualquiera de los asesinados, en este caso de ETA pero también podíamos hablar de los atentados yihadistas, de hace unos años.
La atención y la memoria es fundamental y es una obligación, no solamente de los Estados sino también de la sociedad. Y en el caso particular de España , no solamente tiene que ser la atención y la memoria sino también el conocimiento porque, desde luego, no se hubiera llegado nunca a estos momentos de terminar con el terrorismo a través del Estado de Derecho sin la participación, sin la posición y la postura que siempre han mantenido las víctimas del terrorismo.

Director del IEEE (foto archivo)

También, en este mismo capítulo de inauguración, intervino el General de Brigada del Ejército de Tierra, Excmo. Sr. D. Francisco José Dacoba Cerviño, Director del Instituto Español de Estudios Estratégicos. De su alocución extraemos lo siguiente: El seminario, debido a las circunstancias, ha cambiado de formato pero no por ello se ve mermado ni en su relevancia ni en su oportunidad y se hace también mención a la globalización y a estas circunstancias de incertidumbre. Creo que hoy en día en la mayor parte de nuestras intervenciones la palabra más repetida es la de incertidumbre, y nos afecta obviamente en todos los ámbitos en los que analicemos, en la relación con la seguridad, con el más amplio enfoque o con cualquier otro ámbito de la vida pública. Estamos en un mundo de incertidumbre, globalizado, y el yihadismo , el terrorismo, tenga el nombre que tenga, se mueve como pez en el agua en un mundo cada vez más interconectado, donde las distancias se achican, las fronteras se diluyen y, lamentablemente, saben buscar su hábitat y su ecosistema.
Para contrarrestar esa tendencia están jornadas como esta en las que participamos con todo gusto.

Hay que aplicar enfoques globales, holísticos como se dice ahora, donde todas las capacidades y todas las potencialidades de los Estados, del nuestro por supuesto, participemos y aportemos nuestro grano de arena como una herramienta más de esa tool-box que tienen los gobiernos legítimos de las naciones para afrontar las amenazas y sus desafíos, en este caso concreto el terrorismo. Las Fuerzas Armadas estamos, por supuesto, al cien por cien dispuestas para ser empleadas como legítimamente decidan y determinen nuestros gobiernos democráticos, que esa es nuestra gran fortaleza y nuestra gran diferencia frente a quienes atentan contra ese modelo de vida y ese modo de organizarnos en nuestra sociedad.

Por eso, una condición imprescindible para afrontar el reto es poner en contacto a personas que procedemos de distintos ámbitos e instituciones, públicas o privadas, para que nos conozcamos e intercambiemos nuestros conocimientos y nuestras mutuas capacidades, y de esa suma salga la fortaleza que nos permita afrontar el reto que supone, en este caso, el terrorismo.
Finalizo poniendo al Instituto Español de Estudios Estratégicos, desde el ámbito de las Fuerzas Armadas, a la entera disposición de las fundaciones que han organizado este evento y espero que el año que viene podamos darnos un abrazo real y no virtual.
A continuación tomó la palabra el Capitán de Fragata Federico Aznar, en esta su séptima participación anual como Director del Seminario, y dijo esto: la gente no piensa, se informa. Nosotros, en el IEEE, pretendemos ir más allá de los hechos porque entendemos que los hechos se circunscriben a un marco concreto.

No podemos entenderlos plenamente si no entendemos el entorno cultural, y eso se nos presenta como una obligación. Sin conocer los hechos, sin acotarlos al entorno, es imposible resolver el problema. Hace falta un análisis multireferencial y multidisciplinar porque en el siglo XXI todo está interconectado.
El terrorismo es un hecho social, como la guerra, porque el terrorismo es ficción de guerra en la medida en que es ficción de poder. Como hecho social, si se produce un cambio político también cambia en la forma en que se desarrolla el terrorismo, eso es inevitable. Se habla de la posmodernidad, que es un concepto ambiguo, discutido, no aceptado plenamente. La modernidad es un estado mental, algo que es un estado cojo porque se define contra la modernidad.

Federico Aznar Fernández-Montesinos

Vivimos en un tiempo sin utopías, se ha renunciado a las utopías y a las ideologías, que explicaban el mundo, lo hacían comprensible. Se habla de una sociedad ligera, de conceptos débiles, y esto genera confusión e incertidumbre, a la que se ha aludido, y que son característicos de la posmodernidad. El hombre queda investido de todos sus poderes y esto genera una suerte de nihilismo, como veremos, porque hay un relativismo y llegamos a discutir quienes son los nihilistas, si nosotros o los terroristas. La posmodernidad es presentista, el futuro no existe, no ha llegado, y el pasado no compromete, y esto es una cosa muy importante, el presentismo.

Y al no haber ideologías, que eran atalayas para mirar hacia el futuro, para entender lo que estaba pasando, quedamos en un punto a ras de suelo. Este es, por así decirlo, el marco interactual en el que se reproduce el terrorismo.

El terrorismo ha existido siempre, pero su formulación corresponde a un célebre discurso de Robespierre, en la Comisión Nacional, “si el principal instrumento del Gobierno en tiempos de paz es la virtud, en momentos de revolución debe ser a la vez la virtud y el terror: la virtud, sin la cual el terror es funesto; el terror, sin el cual la virtud es impotente”.
Se inició luego el desarrollo del programa de conferencias, con arreglo al siguiente orden: “El terrorismo en el fin de las ideologías. Continuidad y cambio”, por Kepa Aulestia Urrutia, asesor editorial, con una larga carrera política y periodística del Grupo Vocento y La Vanguardia. “La Yihad 3.0”, por el General de Brigada E:T. Antonio Esteban López, Secretario General del Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército de Tierra. “Resiliencia social y terrorismo en un tiempo de conceptos débiles”, por José Miguel Fernández Dols, Catedrático de Psicología Social de la Universidad Autónoma de Madrid. “Posmodernidad y relato. Una lectura alternativa de los hechos”, por María Elvira Roca Barea, escritora. “Víctimas y sociedad”, por Maite Pagazaurtundúa Ruiz, Vicepresidenta de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior, del Parlamento Europeo.

No podemos reflejar aquí todas las conferencias pero sí que les ofrecemos, queridos lectores que nos siguen, una de ellas completa. Hemos elegido la de Kepa Aulestia, profundo conocedor del ámbito terrorista, porque realizó un certero análisis sobre el tema, que recomendamos lean ustedes porque no tiene desperdicio. Vean.

Es verdad que cualquier aproximación analítica al fenómeno terrorista implica un riesgo, y es que nos mostremos demasiado fríos y acabemos hiriendo sobre el dolor que ya la violencia ha causado y especialmente ha costado en nuestro país. Intentaré evitarlo. Cuando Federico Aznar me propuso este tema del terrorismo en la era del fin de las ideologías, se me ocurrió darle la vuelta a la cuestión porque ¿acaso el terrorismo no es ya una ideología? , ¿no es el terrorismo una ideología de sustitución?.

Voy a comenzar formulando tres preguntas que todavía no hemos conseguido responder. La primera, ¿por qué un terrorismo como el de ETA surgió en el País Vasco en los años 60?; la segunda, ¿cómo es que el terrorismo fue capaz de transitar de la dictadura a la democracia multiplicando por cien sus asesinatos, entre ellos el de Manuel Giménez Abad, y manteniéndose así durante 50 años en los que el mundo ha experimentado , seguramente, los cambios más vertiginosos que se han conocido hasta ahora?; y la tercera, ¿cómo es que ETA decidió disolverse, o se consiguió que se disolviera, en mayo de 2018 y no mucho antes ni mucho después?.

Son preguntas que no tienen una respuesta única, eso es así, pero voy a tratar de exponer una clave de interpretación que sirva también para desentrañar momentos que pueden ser comunes al terrorismo local, como el de ETA, pero también al terrorismo global que vienen irradiando Al Qaeda y Estado Islámico. Mi conclusión, ya de partida, es que el terrorismo arraiga y se perpetúa cuando la violencia se convierte en ideología, en dogma, en tótem, en tabú, cuando su uso es incontestable no sólo por los activistas del terror sino también por la comunidad de referencia de ese grupo.

ETA, a mi modo de ver, y esto puede sonar a pura provocación, nació como un accidente histórico. No había en el País Vasco de los años 60 del siglo pasado ninguna efervescencia revolucionaria ni ningunas bases de convulsión social distintas a las que se podían producir en otras partes de España. Y sin embargo surgió como iniciativa de un grupúsculo que fue capaz de activar una espiral que nos ha llevado hasta estos mismos momentos.

Kepa Aulestia Urrutia

Pero si se mantuvo durante 50 años y todavía hoy sus herederos se niegan a condenar el terrorismo pasado es sencillamente porque gestó una ideología. El terrorismo se convirtió también en ideología, en cultura. El recurso a la violencia enrraiza, lo sabemos todos, allá donde predominan ideas de exclusividad, de exclusión, fundamentalismos, esencialismos, de tipo religioso , de tipo étnico. Pero no hay una causa-efecto predeterminada que haga inevitable la sectación de conductas violentas allá donde exista un sustrato cultural que puede ser proclive al maniqueiísmo, más o menos extremo. De hecho, el recurso al terror aparece continuamente como manifestación de una ruptura interna en esa comunidad de referencia.

La historia de ETA también fue eso, con una componente siempre generacional. Son los más jóvenes los que hacen uso de la violencia frente a pasividad que hayan podido notar en la comunidad o en la creencia de referencia por parte de los mayores. La reivindicación de las esencias pasa a disposición de la incunación, propia o ajena, por el mero hecho de ir armado o manejar explosivos. En la era del fin de las ideologías, que es el título de esta intervención, de ideologías entendidas como se concibieron en el siglo XX, resulta además fácil, lo ha mencionado Federico Aznar, reconocer pulsiones nihilistas en la práctica terrorista. Pulsiones que hacen de la propia violencia el nexo de pertenencia de los activistas al grupo, nunca mejor dicho, complicidad de pertenencia a un grupo, más o menos numeroso, que la violencia se encarga de moldear, para su perpetuación, a su medida.

Antes de pasar a describir lo que para mí es el proceso de conversión de la violencia en ideología quisiera hacer un apunte. Es habitual que nos refiramos al terrorismo como un problema del pasado, solemos hablar de barbarie porque entendemos que es algo que ya no es propio del ser humano actual, contemporáneo. Sin embargo no está claro que el terrorismo, la amenaza terrorista, se vaya a atenuar en el futuro, porque sabemos que la historia está llena de pasos atrás. Antes se ha mencionado las derivas que pueden traer consigo los populismos.

No es impensable que surjan nuevos focos terroristas en distintos lugares del planeta. Esta misma semana estamos asistiendo con preocupación a la activación de conflictos bélicos, en torno al Sáhara, en Etiopía. La propia digitalización del planeta propicia, o puede propiciar, expresiones de violencia en forma de ataque o ataques que en estos momentos son para nosotros sencillamente inimaginables. Por eso, hablar de terrorismo como ideología presupone también advertir sobre la posibilidad de que las bases sobre las que el terrorismo se ha asentado hasta ahora , las bases culturales, ideológicas, puedan reproducirse con otras formas, con otras variantes en el futuro.

La producción más sofisticada y corrosiva del terrorismo es, a mi modo de ver, el enigma con el que trata de engrandecerse. El terrorismo induce continuamente debate sobre su etiología, sobre las causas de su existencia. Es como una envolvente que es capaz de meterse, no solo en el grupo activista, más o menos numeroso, de exaltados que consigue encuadrar, sino que extiende un halo de misterio que en el grado del yihadismo ha llegado a su culmen, a mi modo de ver.

GB. Antonio Esteban López

Pero la enigmática terrorista no es un fenómeno etéreo, vacuo, evanescente, porque lleva la presunción de que hay una causa remota que justifica el uso de la violencia. Además la presunción de que sus instigadores estén a salvo de cualquier juicio terrenal, lo que traducido a determinado lenguaje de la izquierda abertzale sería de cualquier juicio en la Audiencia Nacional., de que sus autores materiales no son responsables de actos que les dicta la historia, porque son actos que les dicta la historia. Esto es la ideología terrorista y creo que es un elemento común a la inmensa mayoría de los fenómenos de violencia política.

José Miguel Fernández Dols

La enigmática terrorista hace también que sus víctimas sean justificadas o se vean así mismas afectados accidentales de la fatalidad. Hace 15 años tuve la oportunidad de participar en un seminario, en la Universidad de Nueva York, sobre el 11 S y sobre el 11 M, y me llamó muchísimo la atención la coincidencia que había entre algunas de las víctimas del 11 S y algunas de las víctimas del 11 M, que consideraban que los terroristas no habían buscado la muerte de sus familiares, que no la habían buscado en concreto, y eso les generaba una enorme desazón. Esta desazón también es el efecto último de la gestación, de la propia ideología del terrorismo como ideología. En la era del fin de las ideologías, el terrorismo se reivindica, claro está, como reflejo de convicciones profundas sobre la identidad propia, o sobre aspiraciones sin fin, como expresión de conflictos irresueltos o como mecanismo para aflorar nuevas demandas. Pero lo que, al enarbolar esas banderas, hace el terrorismo es precisamente ocultar que en realidad trata de convertirse él mismo en ideología mediante una transgresión ética tan brutal, diría yo, como eficaz. El asesinato como argumento de legitimación, el asesinato como autentificación de las supuestas causas, hasta el punto de situar el bien del lado del victimario y empujar a la víctima al ámbito del mal.

El silogismo al que me refiero es tan simple como eficaz. Si yo mato al prójimo, cuando se da por entendido que para el ser humano matar solo puede ser posible en una situación de defensa propia, la causa por la que mato, sea la independencia o sea el califato extensible, queda consagrada. Dado que matar al prójimo es lo último que puede hacer el ser humano en tanto que es moral, el asesinato consagra, en tanto que acto extremo, una particular justicia, un particular sentido de la justicia que se vuelve ideología.

El terrorismo se basa en que solo matando puede una aspiración alcanzar trascendencia porque su justa reivindicación no puede quedar en entredicho cuando alguien es capaz de matar.

Matar, además disponiéndose a morir en ese acto, confiere autenticidad a los propósitos del homicida, máxime si su actuación está dictada por un supuesto deber ancestral, por el mandato de una comunidad a la que dice representar y de cuya voluntad última se apropia en ese mismo acto de matar. No es solo que los objetivos que supuestamente se pretenden solamente puedan alcanzarse mediante el uso de la violencia, no es lo único que defiende la ideología del terrorismo. Defiende que la violencia confiere a sus objetivos la verdad a la que no podrían acceder con otros medios, la violencia se convierte en única verdad.

María Elvira Roca Barea

La violencia cuaja como ideología por acumulación de atentados. Esto lo hemos visto en nuestro país y muy especialmente cuando lo que ayer resultaba impensable se hace realidad hasta que como lo perpetrado contra el cuartel de Zaragoza, Hipercor, el asesinato de Manuel Giménez Abad, o el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, forman parte de la cadena de hitos terroristas que materializan lo peor como algo digerible para miles de personas, como el 11 S y el 11 M lo fue para millones de personas. Recuerden en este mismo sentido situaciones como la toma de rehenes y la matanza posterior en el teatro Dubrovka de Moscú, por parte de terroristas chechenos, o el episodio que dos años después supuso la toma de un colegio en Beslán, Osecia del Norte. Son hitos que cargan de ideología no solo a los activistas del terror sino a sus comunidades de referencia.

Maite Pagazaurtundúa Ruiz

Al reproducirse como ideología, la violencia terrorista pone a prueba al Estado de Derecho, no solo porque cuestione el derecho a la vida, al libre albedrío y a la dignidad de las personas, es que además dificulta extraordinariamente la aplicación de la ley y la condena efectiva del asesinato por una parte, porque ideológicamente se disipa la culpa personal, especialmente cuando se trata de unas tramas clandestinas. De ello son consecuencia los más de trescientos asesinatos no esclarecidos, atribuidos a ETA, como si nadie los hubiese cometido.

¿Qué decir de la práctica imposibilidad de desentrañar la autoría material de cientos de atentados yihadistas?, que plantea la siempre delicada cuestión, que me parece importante abordar, por lo menos señalarla, de ¿hasta qué punto nuestro Estado de Derecho no está diseñado para atajar este tipo de terrorismo?. Desde el momento en que la violencia se convierte en ideología y dogma sus activistas y la comunidad de referencia se ven conminados a no cuestionar nunca el uso del terror.

No es casual que a lo largo de 50 años ETA mantuviera el uso de la violencia como una condición incuestionable de su propia existencia, hasta el punto de que las escisiones que experimentó, y que pusieron en entredicho el uso de la violencia, tuvieron lugar todas ellas antes de 1982, y no hubo ninguna escisión en ETA en los 36 años posteriores. La más mínima crítica a las armas era depurada inmediatamente. Lo mismo ocurre en el yihadismo terrorista, que impone la adhesión o el silencio en sus comunidades de referencia, no sólo en sus activistas. La violencia como ideología perdura incluso después de que una trama determinada deja de utilizar las armas y se disuelve . Esta última semana se ha discutido, mucho y muy acaloradamente, sobre la legitimidad democrática, la idoneidad política o la conveniencia partidista de que la coalición de Gobierno PSOE-Unidas PODEMOS, pacte los presupuestos con EH Bildu. A mí me gustaría proponer que lo viéramos de otra manera, desde otro ángulo. Votar a favor de los presupuestos generales es lo que facilita a la izquierda abertzale eludir la condena del terrorismo pasado, es lo que le facilita continuar manteniendo la violencia como sustrato ideológico.

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