Festividad

LA ASOCIACIÓN CULTURAL LOS SITIOS CONMEMORA EL 213 ANIVERSARIO DE LA CAPITULACIÓN DE ZARAGOZA

Algunos de los participantes en el acto, a los pies del monumento a las heroínas

Una vez más la plaza del Portillo de la capital aragonesa fue, el pasado 20 de febrero de 2022, el punto de encuentro para conmemorar la Capitulación de Zaragoza, acontecida el 20 de febrero de 1809, al final de los Sitios que el ejército imperial francés puso a nuestra Inmortal Ciudad.

En el basamento del magnífico monumento de Mariano Benlliure, erigido en honor de Agustina de Aragón y las heroínas de Zaragoza, nos reunimos buen número de personas para fijar otro año mas en la memoria colectiva el recuerdo de aquel aciago día de la capitulación de Zaragoza, hace ahora 213 años.

Como es habitual en este y otros actos de corte histórico organizados por la AC Los Sitios, se contó con la participación de diversos grupos y asociaciones que aportaron gran vistosidad y colorido a una cita que, de por si, atrae la atención ciudadana.

En los prolegómenos del acto tuvimos oportunidad de hablar con representantes de algunas de ellas y aquí les dejamos a ustedes, queridos lectores que nos siguen, sus testimonios. Vaya en primer lugar el de Luis Sorando Muzás, Capitán de los Voluntarios de Aragón, que acudieron como siempre vistiendo su llamativo uniforme de época napoleónica.

Vemos rostros nuevos en sus filas, ¿hay recientes alistamientos?. En dos años que hemos estado sin hacer recreación sí que se han producido algunos ingresos, no muchos, pero yo confío en que cuando pase la recreación aparezca algún recluta nuevo.

¿Se va ha realizar este año la Recreación de Los Sitios?. Si, ya está todo preparado para los días 12 y 13, hay 410 inscritos, de siete países, y va a ser la recreación más numerosa, si no ocurre nada, el campamento va a ser enorme.

¿Habrá Escuadrón de Caballería?. Solo para el desfile porque en la lucha urbana nos da miedo meter a los caballos. Un caballo desbocado no conoce freno, así es que habrá caballería pero lucharán a pie.
Tropezamos luego con un grupo de bellezas regionales ataviadas con espectaculares trajes de época.

Los Voluntarios de Aragón capitaneados por Luis Sorando Muzás

También les preguntamos algo, y así nos respondió su portavoz Alicia: ¿A que asociación pertenecen, han venido muchas, a quienes representan?. Somos de la Asociación de Vecinos Fernando el Católico, hemos venido una veintena de personas representando al pueblo llano de la época, al paisanaje.

¿Qué representa para ustedes compartir estos momentos de recreación histórica?. Pues mucha emoción, primero por el acto de Capitulación y segundo por el hecho de poder vestirnos de la época. Todo en su conjunto es muy emotivo.

¿Qué tipo de asociación es la suya?. Somos recreadores y también tenemos grupo folclórico. Tenemos un grupo de baile goyesco, pero lo que más hacemos es recreación.

Dio comienzo el acto con unas primeras palabras del Presidente de la Asociación Cultural Los Sitios, Gonzalo Aguado, que dijo lo siguiente: Damos la bienvenida a todos, muchísimas gracias por estar aquí. Es emocionante volver a recuperar este acto tal y como lo hemos hecho todos los años, tradicionalmente, en estas fechas, en un día tan simbólico como es el 20 de febrero. El año pasado, por esta misma fecha, las restricciones solamente permitían juntarnos cuatro personas, por lo que este acto tuvo que ser reproducido de forma simbólica pues no había otra posibilidad.

Cuando hablamos de la Capitulación de Zaragoza hablamos de un momento realmente triste y dramático. Los defensores de Zaragoza, que habían luchado de esa forma tan ardiente en esos durísimos combates que hubo a principios de 1809, llegaron a una situación límite en estas fechas, siendo un factor determinante, entre otros, la epidemia. En esos momentos, en 1809, estaban teniendo unas bajas por la epidemia, por los contagios, de 300 muertos diarios por causa del tifus exantemático. La situación habría sido realmente muy diferente para Zaragoza si no hubiese tenido ninguna epidemia porque también para los franceses, en esas fechas según nos consta en las cartas que escribían ellos, la situación era límite porque ellos estaban también al límite de sus fuerzas.

Sin embargo, el 20 de febrero los franceses habían llegado a la altura de la plaza de España, con lo cual podían colocar unas minas bastante peligrosas que se adentraban en el centro total de la defensa. Habían conseguido coger el Rabal y desde allí bombardeaban también la Basílica del Pilar y el centro de la ciudad. Habían llegado a la zona de la Universidad, entonces en el Coso bajo y, en esos momentos, la capacidad que tenían los franceses para avanzar y la posibilidad de resistencia de los zaragozanos era mínima.

De fondo el impresionante castillo de la Aljafería

Palafox estaba agonizando, se había contagiado también de la enfermedad, no podía dirigir el Bando, la Junta de Defensa vio que la defensa era imposible y tuvieron que ir a negociar con el mariscal francés, a Casablanca, en donde se firmaría los términos de la Capitulación, que es algo muy diferente a una rendición. Los franceses no querían aceptar una capitulación porque eso les obligaría a unos términos que ellos tenían que respetar y no querían llegar a eso, pero al final estaban tan extenuados y fatigados, con tantas bajas, que se vieron obligados a capitular.

Reflejamos ahora un texto de evidente valor testimonial. Faustino Casamayor. Diario de Los Sitios de Zaragoza, 20 de febrero de 1809. Hoy llegó Zaragoza al más alto grado de heroicidad y sufrimiento, pues habiendo sufrido con el ánimo más constante un diluvio de bombas, granadas y balas rasas, y no teniendo ya otro recurso, reunidos sus vocales, mandaron un parlamentario pidiendo 24 horas de tregua al general francés.

Su respuesta fue que no capitulando dentro de dos horas iba a entrar atacando y a discreción. Como no se le contestó, comenzó el más terrible bombardeo y cañoneo que se había visto en todo el Sitio, pues en el corto espacio de tiempo que fue de tres a cinco de la tarde, arruinaron muchas casas y provocaron infinitas muertes, con tal exceso que la campana del reloj no podía dar todos los avisos.
Al ver la cosa en tan último apuro, no poder sufrir tantas desgracias como a cada paso se veían y oían, estar toda la tropa amilanada y casi muertos, acudieron los locales a Su Excelencia.
Siguiendo en su indisposición, con bastante aumento, confirió todas sus facultades a la Junta, la cual convenida en los puntos más conformes a la religión, al honor de esta ciudad y su benemérito vecindario, hizo poner bandera parlamentaria en la Torre Nueva, con cuya novedad cesó inmediatamente aquel fuego tan infernal y furioso, y se presentó un oficial francés. Reunido este con los comisionados, que lo fueron los señores: Regente de la Audiencia; el Caballero Intendente; el Marqués de Fuenteolivar; el Brigadier Manuel Peña, Inspector de Infantería, y el Teniente Coronel Don Mariano Cerezo, Gobernador del Castillo, pasaron a presentarse al Mariscal Lannes, Duque de Montebello, General en Jefe del ejército francés en la Casa Blanca, y otorgaron la Capitulación que firmaron ya a alta noche.

Vamos con la reseña de un documento histórico: Carta de Capitulación de la ciudad de Zaragoza.

Artículo 1º. La guarnición de Zaragoza saldrá mañana 21 a mediodía de la ciudad con sus armas por la Puerta del Portillo y las dejarán a 100 pasos de dicha puerta.
Artículo 2º. Todos los oficiales y soldados de las tropas españolas harán juramento de fidelidad a Su Majestad Católica el Rey José Napoleón 1º.
Artículo 3º. Todos los oficiales y soldados que hayan prestado el juramento de fidelidad quedarán en libertad de entrar en servicio de Su Majestad Católica.
Artículo 4º. Los que de entre ellos no quisieren entrar en servicio, irán prisioneros de guerra a Francia.
Artículo 5º. Todos los habitantes de Zaragoza y los extranjeros si los hubiera serán desarmados por los alcaldes y las armas puestas en la Puerta del Portillo, el 21 al mediodía.
Artículo 6º. Las personas y las propiedades serán respetadas por las tropas del emperador y rey.
Artículo 7º. La religión y sus ministros serán respetados y serán puestos centinelas en las puertas de los principales templos.
Artículo 8º. Las tropas francesas ocuparán mañana al mediodía todas las puertas de la ciudad, el Castillo y el Coso.
Artículo 9º. Toda la artillería y las municiones de toda especie serán puestas en poder de las tropas de Su Majestad el emperador y rey mañana al mediodía.
Artículo 10º. Todas las Cajas militares y civiles, es decir las Tesorerías y Cajas de Regimiento, serán puestas a disposición de Su Majestad Católica. Todas las administraciones civiles y toda especie de empleados harán juramento de fidelidad a Su Majestad Católica.
Artículo 11º. La Justicia se distribuirá del mismo modo y se hará a nombre de Su Majestad Católica el Rey José Napoleón 1º. Cuartel General de Zaragoza a 20 de febrero de 1809.

Responso del párroco del Portillo

Intervino de nuevo el Presidente de la AC Los Sitios, y dijo lo siguiente: Como habéis podido escuchar, la situación no podía ser más dramática, y el coraje y la rabia de los defensores no podía ser más ensordecedor y más dramático. Ahora vamos a reproducir estos términos de la Capitulación, según la cual la guarnición de Zaragoza saldría por la Puerta del Portillo para dirigirse a la Aljafería y depositar allí las armas.

Nosotros haremos allí, en la Aljafería, una representación simbólica depositando claveles. Para ir hasta allá, vamos a hacer una comitiva que estará encabezada por los Voluntarios de Aragón, seguida por todos los que habéis venido con indumentaria de época, y continuada por todos los que estamos en este acto.

A continuación, con el fondo de bellas composiciones de música épica, se dio lectura del siguiente texto: Salida de las tropas españolas según la narración del oficial sitiador Barón Lejeune. Al rayar el día 21 de febrero, todos los puestos exteriores estaban ocupados por los franceses. Al mediodía nuestro ejército, poco numeroso pero imponente por su marcial presencia, estaba alineado en orden de batalla, con la yesca encendida, dando frente al Ebro sobre la carretera de Alagón. Tenía además sus reservas bien colocadas para el caso de algún contratiempo.

La columna española desfiló en formación con sus banderas y sus armas. Jamás un espectáculo más triste y conmovedor vieron nuestros ojos. Trece mil hombres enfermos, llevando en la sangre el germen del contagio y todos espantosamente demacrados, con la barba larga, negra y enmarañada, sin fuerzas siquiera para sostener sus armas, se arrastraban lentamente al compás del tambor. Sus ropas estaban sucias y destrozadas, todo en ellos reflejaba el cuadro de la más espeluznante miseria.

Sin embargo, un sentimiento de orgullo y de fiereza indefinible aparecía aun a través de los rasgos de sus lívidos semblantes completamente ennegrecidos por el humo de la pólvora, y sombríos de ira y de tristeza. El ceñidor español, de color vivo, dibujaba su talle, el gran sombrero negro redondo adornado con plumas de gallo o de buitre sombreaba su frente.

Bonita estampa de época junto al olivo centenario

La capa gris o la manta echada al desgaire por encima de los variados trajes de aragoneses, catalanes y valencianos, llegaba hasta dar gracia y, casi puede decirse, elegancia a sus vestidos destrozados en tan nobles fatigas y a los negruzcos harapos con que estaban cubiertos aquellos vivientes espectros. Sus mujeres y sus hijos llorosos, que obstruían las vi.as, tornaban con frecuencia su corazón a la Virgen a quien veneraban todavía. Muchos de aquellos bravos , en el momento de deponer las armas y entregarnos sus banderas, sintieron un acceso violento de desesperación. Sus ojos centelleaban de cólera y sus miradas feroces parecía que contaban nuestras filas y que sentían vivamente el haber cedido ante un número tan pequeño de enemigos. Partieron para Francia y Zaragoza estaba conquistada. Así terminó aquel sitio memorable que tiene semejanzas sorprendentes con los de Sagunto, Numancia y Jerusalén.

Seguidamente los Voluntarios de Aragón hicieron una Salva de Honor de fusilería en honor de los franceses y españoles, todos los que lucharon en Los Sitios de Zaragoza.

El párroco del Portillo, R.V. Jesús Gracia Losilla pronunció el siguiente responso en su recuerdo: A tí, Dios de la paz y la misericordia, te alabamos. A ti Señor abrimos nuestros corazones, que venga el alba, el día de tu sonrisa. Dios de todas las personas y de todos los pueblos, Dios y Padre nuestro, Señor de la historia, Alfa y Omega de los tiempos, te presentamos a todos los caídos, quienes ya no tienen nombre y ya no son sino cifra perdida entre las estadísticas frías del tiempo.

Te presentamos a todos los que sembraron sueños y están muertos con un bocado de esperanza amarga en la garganta. Te presentamos a los que resistieron en medio de la noche, que el alba nazca para ellos en un cielo y una tierra nueva, que nazca finalmente el octavo día, Dios, el día de tu sonrisa. Dios de misericordia y amor, ponemos en tus manos amorosas a todos nuestros hermanos y hermanas, dales la paz y la felicidad eternas. Amén.

Fue el Presidente de la Asociación Cultural Los Sitios, Gonzalo Aguado, quien cerró el acto con las siguientes palabras: Pues con estas palabras de responso del párroco del Portillo vamos a terminar este acto tan emotivo que, aunque repetimos anualmente, llega a penetrar en nosotros y a producirnos una honda impresión.

Os agradezco a todos vuestra presencia, en nombre de la asociación Los Sitios, y agradecemos la presencia de las asociaciones que habéis participado en el mismo: Voluntarios de Aragón, Royo del Rabal, Callejón del Tío Lucas, Viaje al pasado, y tantos otros que estáis aquí representados y que nos acompañáis siempre en nuestros actos para mayor lucimiento de los mismos. Que nos sigamos viendo en todos los actos que celebremos en la asociación, muchísimas gracias a todos y hasta la próxima.

Por nuestra parte, desde estas sencillas líneas de los Reales Tercios de España, únicamente nos resta felicitar a la Asociación Cultural Los Sitios, en la persona de su Presidente Gonzalo Aguado Aguaron, por la impecable organización del acto, y agradecerle su gentil invitación al mismo.

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