Actos Sociales

LA ASOCIACIÓN CULTURAL LOS SITIOS NOS OFRECE UN AÑO MÁS LA “RUTA HISTÓRICA” POR EL CASCO ANTIGUO DE LA INMORTAL CIUDAD DE ZARAGOZA

El calendario está lleno de fechas ligadas al Santoral y a las diferentes festividades nacionales y regionales, pero también hay otros días en los que se celebran actos que han arraigado por la fuerza de la costumbre o la tradición inveterada.

Una de esas fechas es el 1 de noviembre, un día en el que la Asociación Cultural Los Sitios de Zaragoza organiza cada año, desde hace más de tres décadas, una Ruta Histórica, guiada, que discurre por el centro de nuestra ciudad, haciendo alto en los lugares emblemáticos donde acontecieron las batallas, combates y hechos heroicos más importantes de los Sitios de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia.

Uno de los grupos de visitantes durante el recorrido

En 2022 la ruta, que alcanza su XXXII edición, comenzó a las 9.00 horas, en el Jardín delas Comarcas, frente a la impresionante fortaleza medieval de la Aljafería. La convocatoria había despertado gran interés y congregó una ingente cantidad de público atraído por el atractivo histórico de la Ruta.

Fue necesario formar tres grupos de visitantes para distribuir a los casi 400 visitantes, de forma que el tránsito por las calles de la ciudad y las visitas programadas a los distintos espacios y edificios se desarrollasen con normalidad. De los Reales Tercios de España asistieron Manuel Grao Rivas, Manuel Martínez Pérez y Jesús Navarro Ros.

Se inicio la jornada con unas primeras palabras de bienvenida del Presidente de la Asociación Cultural Los Sitios, Gonzalo Aguado Aguaron, y se inició junto al olivo centenario, de la variedad Empeltre, donado por el Consejo de la Denominación Aceite del Bajo Aragón al Parlamento aragonés, trasplantado el 31 de mayo de 2002 desde una finca turolense de Valdealgorfa, y que pasó a ser el primer habitante del Jardín de las Comarcas.

A continuación tomó el micrófono José María Fernández. Él y Mariano Martin Casaldelrey, serían los guías del grupo al que fuimos asignados nosotros, con distintivo rojo.

J.M. Fernández. Empezamos por uno de los sitios más emblemáticos tal vez de Zaragoza, después de la plaza del Pilar, que es el castillo de la Aljafería.

Gonzalo Aguado junto al Empeltre centenario

El castillo de la Aljafería empezó siendo palacio (palacio de la alegría). Se hace en el siglo XI, pero la torre del Trovador tiene restos del siglo IX y se considera que fue una torre defensiva musulmana. Luego, en el siglo XI, alrededor de la torre se hace el palacio. En 1118, cuando Alfonso I el Batallador toma Zaragoza, pasa a ser la sede de los reyes de Aragón. Pedro IV hace posteriormente las capillas de San Martin y de San Jorge. Sigue siendo sede de los Reyes Católicos a partir de 1466 y la Inquisición se instala ahí también, siendo la torre del Trovador prisión de la Inquisición. En 1862 pasa al Ministerio de la Guerra, y es cuartel hasta 1960.

Respecto a su papel en Los Sitios de Zaragoza, hay que decir que nunca fue tomado por los franceses. Hay que tener en cuenta que en las primeras luchas, de junio a agosto de 1808, es la única fortificación que hay en Zaragoza, lo demás son las tapias de los conventos, monasterios y huertos. Se unía a la ciudad, en concreto a la Puerta del Portillo mediante una trinchera cubierta, lo que hoy es la calle de los Diputados, para facilitar el tránsito entre los defensores, llevando víveres a la Aljafería y recogiendo munición de los almacenes del castillo de la Aljafería, para los defensores de la ciudad. Se toma finalmente el 21 de febrero de 1809, cuando no quedaban dentro mas que un centenar de defensores. A partir de entonces pasa a ser cuartel francés. Se utiliza como prisión para los oficiales españoles, para los españoles de Zaragoza que hubiera entonces y que no quieren pagar tributo, y se utiliza como prisión incluso para los propios franceses.

José María Fernández y Mariano Martin

En 1813 solamente queda ocupado por los franceses el castillo de la Aljafería. Recordemos que las tropas francesas abandonan España en 1814 y 1815. Pero desde 1813 solo hay franceses en la Aljafería, con una guarnición de 400 hombres, con unos artilleros. Cuando se van el resto de franceses de Zaragoza, los paisanos comienzan a hostigar el castillo, hasta que en julio de 1813 llega Mina, el famoso guerrillero, que era pariente de Espoz y Mina. Llega con refuerzos, rodean el castillo, lo empiezan a bombardear y en ese momento los franceses empiezan también a bombardear Zaragoza. El 1 de agosto ha empezado este bombardeo, y el día 2 una granada española cae en un depósito de pólvora de la Aljafería, mata a casi todos los artilleros y entonces los franceses se rinden.

Hay una pequeña curiosidad, ahí estaba preso en 1809 Guillelmi, el antecesor de Palafox, que muere de un atracón que le dan los franceses, pues era fiel al régimen bonapartista. Cuando entran los españoles en 1813 tienen una duda, allí hay españoles dentro, y se quedan dentro presos hasta que se aclara si son afrancesados o si son prisioneros de los franceses.

Después de esta explicación, en la primera de las “estaciones”, nos dirigimos hacia los restos del muro del antiguo Cuartel de Caballería, que todavía perviven en el Paseo de María Agustín.

Es importante saber que lo primero no fue un sitio. El primer ejército francés que vino a Zaragoza no es un ejército de “sitio”, es un ejército que sale de Pamplona, y que sostuvo varias batallas con los zaragozanos que intentaron frenar su avance en Tudela, Mallen y Alagón. En aquellos momentos en Zaragoza había unos 50000 habitantes y solamente 1500 soldados profesionales.

Desde que se produce la toma de poder por Palafox, del 25 de mayo, Palafox empieza a preparar la defensa, pero estamos hablando del 15 de junio y él ha empezado el 25 de mayo. No hay campos de tiro despejados, no había fortificaciones aparte de la Aljafería, y aún así se pensaba que íbamos a poder con ellos. Ciertamente no tiene nada que ver un combate en campo abierto, con tropas profesionales, a un combate en la ciudad, por las esquinas, y eso es lo que se encontró el francés.

La primera batalla que se produce dentro del perímetro de Zaragoza es la Batalla de las Heras, en los terrenos de la antigua estación del ferrocarril. Los más veteranos recordarán que esa estación se llamaba antes Campo Sepulcro, porque tiene un fosal para poner todos los cadáveres. El 15 de junio empieza el ataque francés y ellos venían “de paseo”, porque no había costumbre en aquellos momentos, en las guerras de aquel siglo, de que las ciudades se resistiesen, habían perdido tres batallas fuera ¿para qué iban a resistirse?, pues sabían que no había tropas dentro apenas.

Muro del antiguo Cuartel de Caballería

Lanzan tres Columnas, una contra El Portillo, otra contra la Puerta de Santa Engracia y otra contra El Carmen. En El Portillo, como está cerca la Aljafería, había fuego cruzado y por ahí no pudieron entrar, pero vieron las tapias del Cuartel de Caballería, con las ventanas vacías y entraron por allí. Enseguida acudieron refuerzos por esta parte que les queremos mostrar y se empezó a luchar habitación por habitación, pasillo por pasillo. Hasta tres ataques fueron rechazados. Una vez llegaron hasta aquí, para tomar la batería por la espalda, y fueron rechazados también. Estas tapias, estas paredes fueron el único sitio que no consiguieron atravesar.

Incluso en el Segundo Sitio, llegó a ser Cuartel del Regimiento de Caballería de Cazadores de Fernando VII, y hospital de sus heridos.

Hace un año, más o menos, en la Asociación Cultural Los Sitios nos enteramos, porque vimos los carteles, de que ahí se iba a hacer un edificio y conseguimos que aquello se parara. Aunque ustedes conocerán el muro de fuera, la parte superior de la puerta, el escudo que va encima, está en el Regimiento de IngenierosPontoneros en Monzalbarba, con lo cual había siempre interés en recuperar esa zona, ese monumento. Conseguimos, después de muchos “dimes y diretes” que la constructora haya guardado para Zaragoza cuatro u ocho ventanas y la puerta, y con eso hará una especie de glorieta o plazoleta. La constructora levantó dos alturas más del edificio.

Mariano Martín apostilló lo siguiente: También hay que decir, en descargo un poco de la constructora, que cuando ellos compraron el terreno, aparte de que lo pagaron muy bien pagado, no estaba catalogado como nada, era libre para construir o hacer lo que se quisiera en él. Fue a raíz de la Asociación Los Sitios, de Voluntarios de Aragón, de APUDEPA y de otras asociaciones, que se hizo mucha presión social y la constructora, en vez de cerrarse en banda, que lo podía haber hecho pues estaba en su derecho, siempre se ha avenido a negociar y a admitir algo.

Cuando se producen los tres ataques que hemos dicho, El Portillo, Santa Engracia y El Carmen, un Escuadrón de polacos consigue entrar por Santa Engracia y llegaron hasta las cercanías de la Plaza del Portillo, y fueron frenados por la brava actuación de las mujeres zaragozanas. Si visitan la Diputación Provincial, verán que en el pasillo que la conecta con el palacio de Sástago, hay unos grabados y ahí está representada esa escena. La representa Goya, que ha visto el 2 de mayo. Los soldados que representa Goya en esa batalla del Escuadrón polaco son franceses, no polacos. Los polacos se distinguen porque llevan ese gorro cuadrado que se llama chascás, y en cambio lo que representa Goya son coraceros franceses porque es lo que ha visto en Madrid.

Explicaciones en el entorno del Cuartel de Caballería

Hay que tener en cuenta que en el ejército de Napoleón, casi, lo que menos había eran franceses, incluso el ejército español estaba incluido en el ejército francés, porque cuando entran los franceses aquí lo hacen como aliados. Daoiz y Velarde, son sublevados, no es que el ejército se subleve en Madrid, se sublevan algunos oficiales y se arrasa algún cuartel, pero el ejército recibe órdenes de no sumarse a la rebelión.

La próxima parada sería la plaza del Portillo y hacia allí nos trasladamos para escuchar las explicaciones de Mariano Martín, quien hizo un pequeño esbozo de la vida de Agustina de Aragón, que fue una vida de novela desde que se casó.

Para empezar no es de Reus, como se decía, si que era catalana pero nacida en Barcelona y bautizada en la Iglesia de Santa María del Mar. Se casa con el Cabo de Artillería Roca, y tienen un hijo. Comienza la Guerra de la Independencia y corren rumores de que los franceses van a entrar por Barcelona. Finalmente cruzaron los Pirineos por la parte catalán y llegaron a Barcelona, que tomaron sin resistencia, por parte de sus habitantes. Su esposo, le dice a Agustina que se vayan a Zaragoza, que está bien comunicada y relativamente cerca. Agustina se va para Zaragoza con su hijo que por entonces tendría unos tres años.

En Zaragoza, Agustina se dedica a lo que hacían las demás mujeres, lo que hoy llamaríamos logística. Llevaban agua y alimentos a las trincheras y a los puntos defensivos; cuidaban y transportaban a los enfermos; cosían sacos para rellenarlos de tierra y ponerlos en las trincheras; hacían vendas y cartuchos. Eso no quita para que, algunas de ellas, como Agustina de Aragón, Manuela Sancho y otras famosas heroínas, llegaran a tomar las armas. Agustina está haciendo su labor, va al Portillo y, cuenta la historia, que allí encuentra a unos defensores, artilleros, muertos, y de una forma u otra, consigue disparar un cañón, el 2 de julio de 1808.

Había dos formas de cargar los cañones. Una era con una bola y otra era con metralla. El cañón que disparó Agustina era de 24 libras, el más grande que había entonces, y estaba cargado con metralla. Ante el avance francés, por la muerte de los artilleros, Agustina disparó el cañón, sale toda la metralla y mata a los oficiales que iban delante y al primer bloque de la columna. Sorprendidos por se cañonazo, disparado además por una mujer, y por la muerte de sus oficiales, los franceses, desorientados, deciden retirarse, con lo cual los defensores tienen tiempo de acudir allí y reconstruir la batería.

Explicaciones en la plaza del Portillo

Agustina continúa en Zaragoza y, cuando se produce la capitulación, la cogen prisionera. El General Lannes, que entonces mandaba las tropas francesas, tenía una lista de personas que quería capturar y entre ellas estaba Agustina, junto con Casta Álvarez, el padre Boggiero, el padre Sas y todos aquellos que habían contribuido con Palafox a que se levantara la ciudad. Todos los prisioneros que se entregan en Zaragoza tienen dos opciones, o juran lealtad a José Iº o iban prisioneros a Francia. Los que no juraron lealtad al Rey impuesto por Napoleón fueron llevados prisioneros, muriendo gran cantidad de defensores en el camino hacia Francia.

Agustina va en una de esas cuerdas de prisioneros y el niño, que tenía ya unos cuatro años, muere por el camino y está enterrado en un pueblecito de Navarra. Agustina se escapa y, no se sabe muy bien que es lo que pasa, pero aparece en Tortosa.

Allí dice que Palafox la ha nombrado artillera y que por lo tanto quiere participar en los combates como un soldado más. De allí se va luego a Sevilla. Otro detalle a contar es que aunque en un principio le dicen que es Sargento de Artillería, nunca lo llegó a ser como tal, no llegó a cobrar como artillera, cobró como militar de infantería y llegó a subteniente.
El motivo de por qué no podía ser de artillería se llamaba el Real Cuerpo de Artillería. Era el único que tenía esa denominación y además se suponía que era la élite de la gente, porque los más listos iban a artillería ya que las matemáticas eran fundamentales allí. Era un Cuerpo protegido por el rey y además tenía que acreditarse nobleza o limpieza de sangre para ser Oficiales. Agustina murió en Ceuta como subteniente de infantería.

Voy a hablar de alguna otra mujer, por ejemplo la madre María Rafols, llamada la Heroína de la Caridad, que fundó las Anas, con colegios en toda España. La, ahora beata , vino de Barcelona con unas cuantas hermanas para cuidar a los enfermos y heridos en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, que estaba situado en la plaza de España. Cuando el 4 de agosto el hospital vuela por los aires, se quema y se deshace, y los enfermos mentales salen por las calles, se dedica a recogerlos y a llevarlos al resto de los hospitales que se establecen, casi todos, en las iglesias por la ciudad.

Hay otra mujer, Josefa Amar y Borbón, que es una de las grandes desconocidas, porque si fuera hoy en día sería una de las mayores feministas que habría. Ella funda la Hermandad de la sopa, que era una especie de asociación de personas que daba de comer a los pobres. Les daban un caldo por la mañana y una comida al mediodía, dos comidas al día y, si se podía, a veces la cena, a todo el pobre que se acercara. La Hermandad de la sopa, también es el origen de la Hermandad de la caridad y Josefa Amar y Borbón es la directora, presidenta, o su equivalente.

Además de fundar esa entidad benéfica, ella es hija de un médico, sobrina de médico y nieta de médico, entonces siempre había estado en contacto con los enfermos y con los heridos, lo que le valió para cuidar en el Hospital Nuestra Señora de Gracia y allí donde podía. Esta mujer era una ilustrada, hablaba cuatro o cinco idiomas, era muy culta, escribía libros y artículos y defendía a la mujer. Hasta entonces la mujer no tenía derecho ni a la educación. Hay que ponerse en situación y no verlo con los ojos actuales. La mujer estaba subyugada al padre mientras era joven, y cuando era adulta y se casaba supeditada al marido, al cien por cien.

Arcas con los resto mortales de las Heroínas Agustina de Aragón, Manuela Sancho y Casta Álvarez en el Panteón de las Heroínas de la Iglesia del Portillo

De allí nos dirigimos a la plaza José María Forqué, donde se ubica la imponente estatua ecuestre del General Palafox, obra del escultor Iñaki, (Ignacio Rodríguez Ruiz). Este espectacular monumento, que alcanza más de 12 metros de altura, está realizado en bronce y piedra y fue inaugurado el 22 de diciembre del año 2000, siendo promotora del mismo la Asociación Cultural Los Sitios de Zaragoza.

Esta fue la explicación de Mariano Martín: No voy a contaros la historia de Palafox porque la tenéis en cantidad de libros y en la red digital. Voy a contaros lo que no suele aparecer sobre la estatua. Resulta que entre el Primero y el Segundo Sitio, todos los paisanos van al Ayuntamiento y reclaman a la corporación de entonces que le hagan una estatua a Palafox, pero el Ayuntamiento dice que no van a hacer una estatua en vida y que no hay dinero. Pero la gente presiona de tal manera a los concejales que se ven obligados, y reconocen en Acta que se le ha de construir una estatua ecuestre a Palafox. El caso es que pasan los años, la estatua no se hace y llegamos al año 2000. Entonces es la Asociación Cultural Los Sitios de Zaragoza la que promueve esta estatua.

Recuerda al Ayuntamiento el acta que firmaron en 1808 y piden que se cumpla. El Ayuntamiento contesta que aquello es algo de hace 200 años, que cuesta mucho dinero y que no se va a hacer. Entonces lo que hizo la Asociación fue algo muy habitual que se hacía a finales del siglo XIX y que consistía en abrir una cuestación popular, es decir se abre una cuenta para que todo el mundo contribuya en la medida que desee contribuir, para la estatua. Para la realización de la Estatua de Palafox, se llegó a reunir la cantidad de 30 millones de pesetas, entre las aportaciones de empresas, con el apoyo de la Confederación de Empresarios de Zaragoza. Posteriormente el ejército aportó tres millones, lo que representaba el diez por ciento de lo recaudado. El Ayuntamiento se encargó de retirar una fuente que había en la Plaza de José María Forqué, donde se encuentra la estatua, y realizó el pedestal del monumento, bajo indicaciones del escultor Iñaki, por la Concejalía de Parques y Jardines. Entonces ocurrió que empiezan las obras de lo que era el Cuartel de Hernán Cortés y, como saben ustedes, las Ordenanzas exigen que el 1% de la inversión, siempre que se edifique en el Casco Histórico de la Ciudad se destine a mejoramientos de la ciudad o temas culturales.

La Asociación consiguió que, de ese 1% por ciento, se hiciese una plaza y se destinase un dinero para el monumento. Después, una vez que ya se tenía el dinero, se planteaba ¿qué estatua vamos a buscar, como lo hacemos y en qué nos basamos?.

Estatua ecuestre del General Palafox (Iñaki)

Se Basa en un cuadro de Goya donde aparece Palafox a caballo, y eso es lo que vale de muestra. Ocurre que tiene que ser una estatua lo suficientemente grande para que se vea, y eso que aquí la tapan los árboles, pero es una estatua que está hecha, aproximadamente a dos veces y media del natural. Surgían varios interrogantes, ¿cómo fundirla?, pues estaba claro que debía hacerse en bronce y no en piedra, y entonces, ¿Quién lo quiere hacer, cuanto va a cobrar? y luego el problema de fundirla. Finalmente, el escultor Iñaqui, que ha hecho alguna otra escultura por Zaragoza dijo, yo lo hago. Para fundirla, no había una empresa que pudiera hacerlo en un solo bloque, aparte del problema que hubiera representado moverlo.

Se habla con Fundiciones Averly, de aquí de Zaragoza, pero no tiene capacidad suficiente para hacerlo, pues está a punto de cerrar. Se pensó en fundirla en Valls, pero finalmente se fundió en más de sesenta partes que posteriormente hubo que unir, en Fundiciones Villaguz, que estaba en Villanueva de Gállego, muy cerca de Zaragoza, lo que facilitó su transporte, dadas las medidas del monumento, que se transportó en una sola pieza tal cual se contempla en la actualidad.

Explicaciones junto a la estatua de Palafox

Llegados a este punto se produjo una anécdota, y es que entre el público del recorrido histórico se hallaba el conductor del camión que trajo la estatua a Zaragoza desde Villanueva, donde también se fundió alguna parte, dándose la circunstancia de que presenció la instalación de la obra de arte en la plaza José María Forqué.
El guía, Mariano Martín le pidió que se acercase junto a él y contase su experiencia. Así lo explicó Luis Miguel Tabuenca Pérez: Hay una anécdota muy curiosa y es que el responsable de la estatua hizo un forjado alrededor de ella para poder llevarla en la góndola, a resultas de lo cual y a efectos de carga, tenía que cogerla por el cuello y yo me negué rotundamente.

Tengo fotos que documentan que la cogí del chasis que tenía para llevarla, porque tiene tres patas en el suelo y una en el aire y se podrían haber partido por el peso del fundido. Hay otra característica y es que tiene muchísima altura y el puente del Zorongo lo tuve que pasar por la Ciudad del Transporte, sino lo hubiera descabezado. Luego estuvimos aquí, con acompañamiento policial, se puso la grúa en el centro, los árboles estaban mucho más podados que ahora y no hubo mayores problemas.

También Iñaki se comprometió a hacer unas placas a Zaragoza. Aquí en esta, por ejemplo, figura una conocida frase de Benito Pérez Galdós, que habrán visto en los billetes de 100, y que dice, “Entre las ruinas y los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde”. En el otro lado debería ir otra placa pero, en definitiva y por diferentes circunstancias, Iñaki no la llegó a fundir.

Placa con frase de Benito P. Galdós

J.M. Fernández intervino para decir lo siguiente: Les cuento una curiosidad del monumento de la plaza Los Sitios. Recordarán que tiene cuatro caras, pero solamente una de ellas refleja un hecho real, las demás son alegorías. La que representa algo real es esa en la que se ven unos hombres sujetando una puerta.
Esto fue en el convento de Santa Isabel, en el arrabal, un convento que se alistó como fortín. En este episodio bélico los franceses disparaban, tumbaban la puerta, y los españoles la levantaban por detrás en repetidas ocasiones, hasta que los franceses disparan a las bisagras, tiran la puerta y allí cayeron todos. Tiene una anécdota también, para que vean que la picardía española no es de ahora.

Este monumento se hace en 1908 con motivo del Primer Centenario, para el que se hace una exposición, que son los pabellones que hay detrás. Ese monumento lo tenían que inaugurar los Reyes, Alfonso XIII y su consorte Victoria Eugenia, pero el monumento que se inauguró fue una maqueta, porque no estaba acabado.

Antigua farmacia del Hospital Nuestra Sª de Gracia (I)

Seguidamente dirigimos nuestros pasos hacia el Hospital Provincial, donde se incorporó a la nómina de guías Carlos Melús Abós, fundador y presidente honorario de la Asociación Cultural Los Sitios de Zaragoza, para decirnos entre otras cosas lo siguiente: Acabamos de llegar al Hospital de Nuestra Señora de Gracia, vulgarmente conocido como Hospital Provincial durante muchos años.

El antiguo Hospital de Convalecientes, fue mandado construir por el arzobispo de Zaragoza Don Diego de Castrillo, entre los años 1677 a 1692.

Antigua farmacia del Hospital Nuestra Sª de Gracia (II)

La función del Hospital de convalecientes, como indica su nombre, era dar cobijo a los enfermos y heridos, tratados en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, y que tenían que seguir un tratamiento de curas y régimen de comidas y medicamentos de aquella época, hasta su completa recuperación, y así lograr que el gran Hospital de Nuestra Señora de Gracia, pudiera atender a más enfermos.

Bonita estampa de personas con trajes regionales asistentes a la Ruta Histórica

En aquella placa verán ustedes el símbolo auténtico del hospital cuando se fundó, por el Rey Alfonso V el Magnánimo, que hizo tres grandes hospitales en España. El primero lo hizo en 1405 en Barcelona, el Hospital de la Santa Cruz, que luego se llamaría Hospital de la Santa Cruz y de San Pablo, y ahora ya definitivamente es el Hospital de San Pablo. La Santa Cruz ha desaparecido hasta de las fachadas.

Intervención de Carlos Melús

Este tenía algo muy especial, que era el “Domus infermorun Urbis et Orbis” que quiere decir “Casa de los Enfermos de la Ciudad y del Mundo”, porque era el único hospital de España que admitía cualquier tipo de enfermos. No preguntaban de donde venían, de donde eran, si eran españoles o eran extranjeros. ¿Por qué?, porque se pensó y se hizo pensando, en parte, por las peregrinaciones a Santiago de Compostela. Y sobre todo, y no exagero, es que fue el mejor hospital del mundo en el tratamiento de dementes, porque fue el primer hospital que consideró la demencia como enfermedad.

Aunque la Ruta Histórica se prolongó mucho más, hemos de poner aquí fin a nuestra crónica y lo hacemos felicitando a la A.C. Los Sitios por la impecable organización de la misma

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