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LOS REALES TERCIOS DE ESPAÑA REALIZAN EN LA CAPITAL ARAGONESA DIVERSOS ACTOS PARA CELEBRAR LA FESTIVIDAD DE SU PATRONA LA INMACULADA CONCEPCIÓN

La Delegación en Aragón, Navarra y provincias vascongadas, perteneciente al Tercio Norte, inició el pasado día 7 de diciembre de 2022, de forma adelantada, la realización de diversos actos para celebrar la festividad de la Inmaculada Concepción, patrona de los Reales Tercios de España.

La Inmaculada del Escorial Bartolomé Esteban Murillo 1660

Dichos actos comenzaron con la presentación de la conferencia titulada ICONOGRAFÍA DE LA INMACULADA, impartida por el Capitán de RR.TT. Don Pedro Martínez Delgado, Historiador del Arte, en el Club Cultural de Empleados del Banco Santander, a partir de las 19.00 horas.

Asistieron, entre otras personalidades, el Delegado de RR.TT. en Aragón, Navarra y provincias vascongadas, Miguel Usón Muñío, el Delegado de RR.TT. en Cataluña, Domingo Nadal Brallas y un numeroso grupo de oficiales del Tercio Norte. Numerosa fue también la representación de la Asociación Española de Veteranos de las Brigadas de Tropas de Socorro, encabezada por su Presidente Tomás Vela Esperabé.

Les ofrecemos a continuación, queridos lectores que nos siguen, la transcripción íntegra de la conferencia: Señoras y señores, buenas tardes a todos.

Pedro Martínez Delgado Historiador del Arte

Nos ocuparemos hoy, víspera de la Inmaculada Concepción, de la expresión artística de la devoción inmaculista. Cuando tratamos de iconografía cristiana, es decir, de la formulación de contenidos artísticos relacionados con la religión cristiana, es conveniente recordar que la producción de la obra de arte ha estado siempre sujeta a estrictos códigos de elaboración, tanto en lo que concierne a los contenidos como a sus formas de expresión, por lo que la libertad del artista se ha visto restringida. Las innovaciones podían llegar a ser heréticas, porque la obra de arte, por delante de una función estética, cumplía una función de transmisión del mensaje doctrinal a un pueblo, por lo general, iletrado. Esto fue así hasta el siglo XVI en Occidente, los territorios de la Iglesia Católica (no así en el Oriente ortodoxo), hasta que la Reforma protestante y la Contrarreforma posterior generaron un nuevo marco iconográfico.

El asunto de la función propagandística o formativa de la obra artística es crucial en el arte religioso, desde el primer momento. En 1563, en el Concilio de Trento, se estructura el Decreto sobre imágenes, fijando las características y las funciones que debían cumplir las obras, que se distinguían entre Dogmáticas y Devocionales. El control sobre la producción llegó al extremo de prohibir imágenes como las de la Virgen de la Leche que tuvieron que ser retiradas del culto.

Virgen de la Leche Maestro de Brujas. S. XVI

Para profundizar en la iconografía de la Inmaculada Concepción es importante no perder de vista lo anterior, puesto que abordamos una de las doctrinas de la Iglesia Católica más complejas; generando una larga controversia hasta bien entrado el siglo XIX, en la que el papa Pío IX proclamó su dogma: la “Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente”…

Juan de las Roelas Alegoría de la Virgen María. 1616

Parece haber consenso en que el concepto de la Inmaculada Concepción de María se originó en la iglesia griega a partir del proto evangelio de Santiago, escrito alrededor del 150 d.C. y fuente de la Mariolatría medieval. Mientras tanto, en Occidente no había duda alguna respecto a que María fue concebida en pecado, según lo establecido por San Agustín respecto del pecado original. Aún así, se conservan registros del siglo XI de la celebración de la concepción de Santa Ana en Winchester y en la Catedral de Canterbury, así como en varias iglesias francesas.

Lo que hasta el momento estaba considerado y tolerado como una creencia popular adquirió un nuevo giro cuando en 1128 los canónigos de Lyon (Francia) decidieron santificar la celebración del 8 de diciembre como día de la concepción de Santa Ana.

Esta incorporación a la liturgia forzó el pronunciamiento de los teólogos. San Bernardo, devoto de la Virgen María, proponía la santificación de María en el útero materno, pero desaprobaba la vía “inmaculada” por contravenir la doctrina del pecado original. El resto de los teólogos escolásticos opinaron también en contra de la idea de la Inmaculada Concepción, lo que no restó ni un ápice de devoción popular de la misma. Santo Tomás de Aquino, dominico, reafirmó la idea de que la Virgen María fue preservada del pecado después de su concepción, pero antes de su nacimiento, desechando la idea de la concepción inmaculada.

Filippino Lippi Aparición de la Virgen a San Bernardo. 1486

Si en la partida de la Concepción Inmaculada, la Orden dominica será el férreo defensor del bando maculista, por el lado inmaculista de la Orden franciscana encontrará a su paladín en el coetáneo de Santo Tomás, el escocés Duns Scoto, que argumentó de forma brillante a favor de la concepción inmaculada con cuatro celebres palabras: Potuit, decuit, ergo fecit (pudo, convino, luego lo hizo). Jesús podía hacer a su Madre Inmaculada, convenía lo hiciera por su misma honra, luego lo hizo. Franciscanos y Dominicos, contrarios en tantos aspectos (seguramente recordarán la novela El nombre de la Rosa o la película posterior, en la que entre otras cosas se dirime la pobreza apostólica), se enzarzaron así en una batalla teológica que se inició en la Sorbona, Universidad de París, en 1387 y que duró casi cinco siglos.

Duns Scoto vs. Sto. Tomás de Aquino Jacobo Ruphon

Vemos, por tanto, que difícilmente se podía establecer un canon creativo para una cuestión extremadamente controvertida. Como hemos dicho anteriormente, el arte sacro trataba de trasladar al observante, por lo general poco preparado, un programa temático de forma explicativa y clara que reafirme la doctrina oficial. Y la doctrina todavía no estaba fijada al respecto.

En España se sostuvo desde muy temprano la devoción inmaculada. Además de popular, la doctrina recibió el apoyo tanto del clero como de la monarquía. Este doble apoyo explica en buena medida su florecimiento y expansión. Jaime I designa a los mercedarios, Orden fundada por su tutor en 1218, como defensores de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Teólogos de la talla de Ramón Llull expanden su devoción, de forma especial en los territorios de la Corona de Aragón: desde 1281 la Catedral de Barcelona celebra la fiesta y en 1333 se establece en Zaragoza una Cofradía Real en honor de la Inmaculada Concepción.

Misal del arzobispo Bernhard von Rohrca. 1481

El apoyo de la corona es fundamental para el asentamiento y expansión de la doctrina. Durante los siglos XIV y XV el culto se expande al resto de la península y su defensa, como propia de los monarcas con independencia de su devoción particular.

El camino de la producción artística tardó en esclarecer la idea tan simple como abstracta de la concepción inmaculada. Alrededor del 1500 comienza a fijarse el canon representativo.
Hasta la fecha, la representación de la doctrina se expresa mediante analogías. Por un lado, tenemos la antigua idea de María como nueva Eva, ya expresada en las Cantingas de Santa María, que viene a trazar un paralelismo se sentido contrario: Ambas fueron concebidas sin pecado , pero ahora la María limpia de pecado sustituye a la Eva caída. Por otro lado, el Árbol de Jesé se verá enriquecido y adaptado a la concepción inmaculista de forma definitiva bajo el reinado de los Reyes Católicos.

Árbol de Jesé Cod St Peter perg 139 ca. 1260

Giorgio Vasari, el primer historiador del arte como tal, señala lo complicado de representar el concepto inmaculista. Ni el tema de la Nueva Eva ni el del árbol de Jesé conseguían transmitir al público con éxito la idea teológica. En este sentido se recurrió a las fuentes apócrifas y el tema del abrazo ante la Puerta Dorada parecía abrir un nuevo camino interpretativo.

Recordemos el episodio: después de treinta años de matrimonio, Ana y Joaquín no tienen descendencia. Joaquín es expulsado del Templo al ser considerada la esterilidad una maldición, y se retira al monte. El ángel Gabriel se les presenta a los dos por separado y les anuncia que tendrán un hijo. La pareja de ancianos se buscan y se encuentran en la Puerta Dorada de Jerusalén, dándose un abrazo. Si bien se creía que se dieron un beso que ocasionó el embarazo, esa idea fue rechazada posteriormente, manteniendo la situación en un abrazo casto. Durante los siglos XV y XVI el abrazo ante la Puerta Dorada será una vía de expresión de la doctrina inmaculista, si bien la autoridad de la iglesia nunca adoptó ni aceptó de forma oficial esta tradición, tolerando su existencia hasta 1677, fecha en que el papa Inocencio XI prohibió su representación.

Giotto di Bondone Abrazo en la Puerta Dorada. Ca. 1306

Debemos señalar también la fórmula conocida como Santa Ana triple, en la que Santa Ana aparece junto con la Virgen y el Niño, aunque su expresión no siempre está relacionada con la doctrina inmaculista.

A finales del siglo XVI los inmaculistas desarrollan un nuevo concepto: lo importante no es la concepción de María sino el momento en que su alma cobró vida. El abrazo en la puerta Dorada era incapaz de representar esta doctrina por lo que se hizo espacio la imagen de la Virgen Tota Pulchra: la Virgen con sus atributos.

Alejo de Bahía. Santa Ana Triple Catedral de Palencia Ca.1510

Molanos, un reputado teólogo contrarreformista flamenco, prescribe en 1568 que la Virgen esté rodeada por símbolos de pureza tomados del Cantar de los Cantares: “Tota pulchra es amica mea, et macula no est in te: Elena ut sol: Pulchra ut luna: Stella maris: Porta caeli: Sicut lilium intr. Spinas…” Durante el siglo XVI se producirán pinturas y grabados de la Virgen tota pulchra con pocas modificaciones.

La nueva tipología se establece a través de dos fuentes. En primer lugar, una fuente gráfica alemana que muestra a la Virgen de pie, manos juntas ante el pecho en signo de oración y el cabello suelto.

En segundo lugar, los atributos de los versos del Cantar de los Cantares que ya San Bernardo aplicó a la Virgen: “Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te”. Estos atributos son, por lo general: el sol, la luna, la puerta del cielo, el cedro exaltata, la rosa sin espinas, el huerto cerrado, el árbol de Jesé, estrella del mar, el lirio entre espinos, entre otros.

Virgen de las Letanías o Tota Pulchra Iglesia de San Saturnino de Artajona

La fijación de la nueva tipología de expresar la doctrina inmaculada fue lenta y desigual, expresándose no pocas veces con la inclusión del Abrazo en la Puerta Dorada o la presencia de Joaquín y Santa Ana, para reforzar la idea. Durante el siglo XVI las obras de Juan de Juanes y sus discípulos serán las mejores representaciones conocidas de la Virgen tota pulchra, que presenta a la Virgen sobre una luna creciente. Esta luna creciente, que ya contaba con larga tradición, se desarrollará a partir del pasaje del Apocalipsis 12,1: “Y allí apareció una maravilla en el cielo: una mujer vestida con el sol, y la luna a sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas”. San Bernardo ya había identificado a la mujer apocalíptica con la Virgen y ya usaba para la tipología de la Asunción, por lo que su aplicación a la representación de la Inmaculada Concepción no representaba ningún problema.

Inmaculada Concepción Juan de Juanes. Ca. 1537

Las resoluciones tomadas en el Concilio de Trento conducirán hacia la adopción de una iconografía definitiva y ortodoxa de la Inmaculada Concepción. La nueva tipología fusionará la Virgen tota pulchra con los elementos de la mujer apocalíptica. De esta manera, cuando desde comienzos del siglo XVII se produce una fuerte presión desde España sobre el papado para que se elevase a dogma la doctrina de la Inmaculada Concepción de María, la imaginería ya está extendida y el culto en creciente expansión. Así, mientras por un lado se promueve la creación de imágenes y se patrocina su culto de los estamentos eclesiásticos y de la corona, las reticencias del papado siguen firmes en lo litúrgico, habiendo sido prohibida por el papa Pablo IV la defensa de la doctrina en sermones y lecturas.

La ortodoxia de la iconografía de la Inmaculada Concepción está fijada pero aún así se producen interesantes discusiones sobre los elementos a representar. A nuestro entender, uno de los más interesantes es el relacionado con la cuestión de la representación de la luna. En concreto, con la posición de los cuernos.

Inmaculada Concepción Francisco Herrera el Viejo. 1616

Para Pacheco, suegro de Velázquez, pintor y tratadista, los cuernos de luna deberán pintarse siempre hacia abajo; Rubens, por el contrario, y por citar un solo ejemplo, lo ejecutará en sentido inverso. La corona de estrellas supondrá también un debate entre las Órdenes religiosas que tienen relación con un ciclo de oraciones llamado Stellarium (corona de doce estrellas) y que tiene su origen en la contemplación de las doce estrellas de la corona.

El tratado del mencionado Francisco Pacheco, “Arte de la pintura”, de 1649, detalla la forma y manera de representar la doctrina: “Hase de pintar, pues, en este aseadísimo misterio, esta Señora en la flor de su edad, de doce a trece años, hermosísima niña, lindos y graves ojos, nariz y boca perfectísima y rosadas mejillas, los bellísimos cabellos tendidos, de color de oro; en fin, cuanto fuere posible al humano pincel… Hase de pintar con túnica blanca y manto azul…vestida de sol, un sol ovado de ocre y blanco, que cerque toda la imagen, unido dulcemente con el cielo; coronada de estrellas, doce estrellas compartidas en un círculo claro entre resplandores, sirviendo de punto la sagrada frente.

Inmaculada Concepción Rubens. 1628

Una corona imperial adorne su cabeza que no cubra las estrellas debajo de los pies, la luna que, aunque es un globo sólido, tomo licencia para hacerlo claro, transparente sobre los países; por alto, más clara y visible, la media luna con las puntas abajo”.

La túnica blanca y el manto azul obedecen a la visión de la portuguesa Beatriz de Silva hacia 1460.

Cuando siendo doncella de la corte de la reina Isabel, casada con Juan II de Castilla, sufrió un encierro en un baúl durante varios días a causa de los celos de la reina respecto.
Durante el encierro se le apareció la Virgen, revestida con una túnica blanca y un manto azul, que le alivió el sufrimiento y le encargó la fundación de una orden que proclamase que fue concebida sin pecado original.

Inmaculada Concepción El Greco. 1618
Inmaculada Concepción Zurbarán. 1630
Inmaculada Concepción José Ribera. Ca. 1630

Beatriz cumplió el mandato y fundó la Orden de la Inmaculada Concepción. Si bien el manto ha conservado la tonalidad azul, la túnica de la Virgen se ha representado en muchas ocasiones bermeja.

Durante el barroco se introducirán ligeras variaciones sobre la tipología general: la mirada de la Virgen hacia el cielo o la disposición de sus brazos, pero, en lo sustancial, no se alteró su representación.

No debemos terminar esta breve exposición sin referirnos a Murillo máximo exponente de Inmaculadas en cuanto a volumen de producción.

Inmaculada Concepción Juan de Valdés Leal. 1650
La Inmaculada de Soult Bartolomé Esteban Murillo 1678

Les ruego que observen la obra conocida como Inmaculada de Soult, terminada en 1678, y que la comparen con la primera que les he presentado al inicio de la exposición, la Inmaculada del Escorial, fechada en 1660. Apenas observarán pequeños cambios, como la posición de las manos, la inclinación de la cabeza o el número de puttos que acompañan y sostienen a la Virgen, pero, en esencia, el maestro ha aplicado el mismo modelo.

El canon estaba fijado.

Aspecto parcial de la sala de conferencias

Gracias por su atención. (Capitán de RR.TT. Don Pedro Martínez Delgado)

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